La tensión aumentó este lunes en el Líbano tras la muerte de un manifestante prosirio en un enfrentamiento con partidarios del Gobierno, mientras las protestas lideradas por el partido chiíta Hezbolá para forzar la salida del primer ministro, Fuad Siniora, no daban señales de apaciguamiento.
La muerte de este manifestante en un barrio poblado por simpatizantes del Gobierno marcó el primer incidente violento en Beirut desde el comienzo de las protestas indefinidas el viernes pasado, lo cual ha despertado temores de una guerra civil en algunos sectores del país.
En consecuencia, el ejército libanés fue desplegado masivamente en Beirut el lunes.
La diplomacia árabe y occidental ha multiplicado por su parte los contactos para encontrar una fórmula que permita salir de la crisis y evitar una desestabilización mayor de Líbano.
El Ministro de Relaciones Exteriores alemán, Frank-Walter Steinmeier, pidió a Siria que haga todo lo que esté a su alcance “para impedir la desestabilización” del Líbano, durante una conferencia de prensa celebrada el lunes en Damasco.
“Hago un llamamiento, en especial a Siria, a hacer todo lo posible para impedir la desestabilización de Líbano, de manera directa o indirecta”, dijo el ministro.
El presidente sirio, Bashar Al Asad, aseguró que Damasco “no interviene en los asuntos de los otros”, agregando que es “importante alcanzar una paz justa y global en Oriente Medio”, según la agencia oficial Sana.
Hezbolá, de tendencia prosiria, impulsa la manifestación contra un gobierno que considera corrupto, débil y que ya no representa al pueblo libanés, tras la renuncia de cinco ministros chiítas y un cristiano el mes pasado.
El Gobierno de Siniora se empeña no obstante en permanecer al frente del país, e insiste en que sólo el diálogo, y no las protestas, pueden resolver la crisis política. La oposición promete seguir manifestándose en las calles hasta que el Gobierno ceda.
En medio de preocupaciones sobre las consecuencias regionales del estancamiento, el jefe de la Liga Árabe, Amr Musa, intenta mediar entre el Gobierno, dirigido por una mayoría parlamentaria antisiria, y líderes de la oposición prosiria.
Musa expresó inquietud sobre lo que denominó una situación “seria y peligrosa”, e indicó que la Liga Árabe, integrada por 12 países, “es consciente del peligro, y espera que éste no aumentará”.
Asimismo, el canciller jordano, Abdel Ilah Jatib, afirmó el lunes el apoyo de su país al gobierno de Siniora.
Varios dirigentes árabes, entre ellos el soberano jordano Abdalá II, el monarca saudí Abdalá, y el presidente egipcio, Hosni Mubarak, expresaron su apoyo al Gobierno.
Unas 100,000 personas salieron a las calles el domingo, agitando banderas y exigiendo la renuncia del primer ministro, en la protesta dirigida por chiítas y los cristianos seguidores del general Michel Aún, desilusionados con el Gobierno.