Los conocí casi al mismo tiempo. Dos dirigentes deportivos tan diferentes y tan próximos, el audaz y el prudente, hermanados por esa pasión que lograron fabricar alrededor del beisbol, y que el paso del tiempo no pudo hacer decrecer.
El nicaragüense Carlos García y el puertorriqueño Oswaldo Gil, recibirán un reconocimiento en la Asamblea de la Confederación Panamericana de Beisbol (Copabe) a realizarse en San Juan en el transcurso de esta semana.
Trabajé con los dos, y por supuesto, aprendí mucho de cada uno.
Carlos se caracterizó siempre por su atrevimiento sin límites. Tomaba los retos sin medirlos, confiando en que podría sujetarlos, apoyándose en esa capacidad de gestión que le permitió organizar tres Campeonatos Mundiales de beisbol aficionado y una Súper-Copa.
Él buscaba cómo colocarse en la cima del Everest, muy por encima de todas las dificultades que podían presentarse, con la seguridad de manejarlas.
Incluso, sin resentimientos, supo reinventarse cuando salió de prisión después de cuatro años y medio “atornillado”.
Oswaldo, en cambio, fue metódico, planificador, temeroso de dejar algo al azar, dueño de una rectitud inquebrantable, muy capaz y, sobre todo, apegado firmemente a sus principios, llegando a ser intransigente.
Nada que ver con la flexibilidad que mostraba Carlos moviéndose en el paralelogramo de posibilidades de acuerdo al ritmo de las conveniencias.
No se detuvo ni cuando decidió renunciar al Comité Olímpico de Puerto Rico, desestimando múltiples recomendaciones.
¿En que coincidían?
En esa determinación para fajarse por sus propuestas, en la tenacidad para trabajar todas las horas extras necesarias, en su entrega al beisbol.
Estuvieron en aceras opuestas cuando se dividió el beisbol y Carlos con la Federación Mundial (Femba) se propuso cambiar golpes con la Federación Internacional (FIBA), de la cual Oswaldo era parte de su engranaje.
Pero, conociéndose muy bien, restablecieron su amistad, con ese soporte que proporciona el respeto.
En 1973, con Managua erosionada, salí hacia Puerto Rico a trabajar con Oswaldo. Llegué a la isla con todo el impulso cultivado a la orilla del siempre controversial Carlos, cuando la media noche era sólo una referencia. Luego, junto al abogado que salió de la profesión en un momento de llamativa proyección para concentrarse en su funcionamiento como dirigente deportivo, continué aprendiendo mucho sobre el trabajo, la amistad y la honestidad.
Así que, de diferentes maneras, ellos fueron incidentes en mi desarrollo.
Esta semana, se les hace un reconocimiento a su multiplicación de esfuerzos y huellas dejadas.
Ahí estarán el audaz y el prudente, nuevamente juntos, como en la época en que batallan por el avance del beisbol atravesando los años 70, los 80 y los 90. Cuando parecía que podrían hacerlo por los siglos de los siglos.