El vasto universo literario está lleno de casos que ilustran acerca de lo desatinado que muchas veces actúa la persona humana al buscar en lugares equívocos el origen de los males o alegrías que nos asisten. La obra El Alquimista de Coelho nos narra, con sabor a plagio de Las Mil y Una Noche, según Ramón Barreda, la historia de un pastor llamado Santiago que abandona su casa y la vida que siempre tuvo, para buscar fortuna en horizontes lejanos y desconocidos. Al regresar al lugar de donde partió, España, comenzó a cavar y encontró el tesoro. En resumen, la fortuna que tan lejos había buscado la tenía en su propia casa.
El 13 de noviembre pasado, el diputado Adolfo Calero Portocarrero, muy al estilo del personaje de El Alquimista, se expuso a este tipo de suerte al exponer en un artículo de opinión que el Embajador Trivelli era el origen o causa principal del divisionismo que condujo a los demócratas a nuestra derrota electoral. En su exposición el diputado Calero no sólo hizo una analogía entre el apellido del Embajador y dos de las tres acepciones que tiene el significado de la palabra trivial, sino que también lo comparó con el creador de las ciencias políticas, Nicolás Maquiavelo.
En mi opinión el doctor Calero, al igual que Santiago, buscó fuera de su casa las causas que llevaron al PLC a su división mortal. Cuando Arnoldo Alemán no dejó que las bases del PLC eligieran sus candidatos de acuerdo con el principio democrático que los gobernados deben elegir sus gobernantes, lanzó la piedra que golpeó la frente del gigante. En mi provincia conozco muchas personas que se enorgullecen al decir, de manera pública, que son arnoldistas. Por mucho que estas personas hayan cavilado jamás se darán cuenta que la causa de la división de su partido es el hombre que tanto veneran. Sólo en Santo Tomás de Chontales, de 2,933 personas que votaron por el PLC en los comicios del 5 de noviembre, sólo una, el convencional, había tenido el derecho de elegir al candidato presidencial, y 4,202 personas que votamos por ALN encontramos en nuestro voto una manera de oponernos a esta práctica excluyente, antidemocrática y, sobre todo, antiliberal.
Cuando Arnoldo Alemán salió de sus aposentos con la lista de diputado que impondría en cada departamento, imagino que se creyó una especie de Florita Tristan cuando llevaba en sus manos los ejemplares impresos de La Unión Obrera, donde proponía la emancipación de la clase trabajadora, como lo relata el escritor peruano Mario Vargas Llosa en su obra El paraíso en la otra esquina. Los partidos al igual que la vida, no sólo tienen que saber que existen sino que también para qué existen. ¿Será que el PLC deba existir para que Alemán siga enajenando derechos, imponiendo voluntades y caprichos?
El diputado Calero, ahora que disfruta de su senectud debería ensimismarse para que una mirada introspectiva le ayude a encontrar las verdaderas razones que condujeron al debilitamiento del PLC, en el lugar indicado que sería el propio vientre del Partido. El diputado Calero debió darle paso a personas jóvenes o por lo menos nuevas en el quehacer político como un gesto de querer renovar el partido no sólo con ideas nuevas sino que también con personas quizás mejores.
Si el PLC no recibía esta derrota como escarmiento, entonces sus debilidades tendían a profundizarse, tendían a dotar a Arnoldo Alemán con más arrogancia de la que hasta ahora lo ha caracterizado.
Por otro lado, los hombres de partido son personas de gárgaras, siempre están dispuestos a aceptar hechos o situaciones con las que no están de acuerdo. El mejor caso nos lo ilustra el propio candidato presidencial del PLC, quien no tuvo la autoridad o capacidad para abolir la lista de diputados que había nacido de las “democráticas “ noches de insomnio en las que se sumergía Arnoldo Alemán para crearlas. No fue capaz de separarse de Alemán pero ni en apariencia, para poder lavar su imagen. Desde un comienzo el PLC sabía que el doctor Rizo no tenía el liderazgo suficiente para unificar al liberalismo. Rizo Castellón consintió cosas que para Montealegre fueron inaceptables.
¿Aprenderemos los nicaragüenses de las elecciones? No con los desviados enfoques calerianos, que me da la impresión de estar a la altura de Teller, Quiñónez, Navarro y demás miembros de la camarilla de liberales antidemócratas.