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Peor que una bomba atómica

El sistema político cubano es un ejemplo elocuente de lo que el totalitarismo puede hacer a un pueblo. En Cuba el tiempo se detuvo y sus gobernantes todavía viven mentalmente en la época de la Guerra Fría. Mientras cada vez más naciones del mundo ofrecen elecciones libres, transparentes y observadas por organizaciones internacionales, Fidel Castro nombra de dedo a su hermano como sucesor de la dinastía. Mientras los países democráticos muestran el avance de la prosperidad material y la modernidad que resulta del sistema de libre mercado, Cuba exhibe su jurásico armamento soviético para —supuestamente— disuadir una invasión norteamericana que no llegó ni llegará.

Cuba es un país económicamente en ruinas con un régimen político cantinflesco. La economía, la infraestructura, las fábricas, el sistema de transporte y de comunicación de la isla es un desastre. Una bomba atómica habría hecho menos daño que Fidel Castro.

La dictadura castrista es la más vieja (47 años) y la más férrea de América Latina. Lo que se inició como un triunfo revolucionario de la lucha contra la dictadura de Fulgencio Batista se convirtió en la peor de las tiranías sufridas en cualquier país latinoamericano. En mayo de 1955, el doctor Rafael L. Díaz-Balart, a la sazón líder de la mayoría en la Cámara de Representantes de Cuba, pronunció un discurso contra la ley que amnistiaba a Fidel Castro y a otros guerrilleros que habían asaltado el cuartel Moncada y habían sido condenados a 15 años de cárcel. Díaz-Balart decía proféticamente: “Fidel Castro y su grupo solamente quieren una cosa: el poder, pero el poder total, que les permita destruir definitivamente todo vestigio de Constitución y de ley en Cuba para instaurar la más cruel, la más bárbara tiranía, una tiranía que enseñaría al pueblo el verdadero significado de lo que es tiranía, un régimen totalitario, inescrupuloso, ladrón y asesino que sería muy difícil de derrocar por lo menos en veinte años”.

Díaz-Balart se quedó corto en su pronóstico. Sin embargo, el Congreso cubano amnistió a Fidel Castro en 1955 y cuatro años después (1959) asumió el poder para el resto de su vida. Desde entonces, el pueblo cubano perdió todas sus libertades: de prensa, de expresión, de movilización y sólo recibió represiones y violaciones a sus derechos. En el 2004, Sahilí Navarro —una joven de 18 años, de la provincia de Matanzas, Cuba, cuyo padre cumplía condena de 25 años por disidir del régimen castrista— escribió una carta abierta al dictador Fidel Castro recordándole el buen trato y los privilegios que él gozó durante los dos años que estuvo preso bajo el régimen de Batista y pidiéndole para su padre y los demás presos políticos, al menos el mismo trato que le habían dado a él. “Es importante —le dice la joven— que recuerde esta vida de lujo que le facilitó el tirano Fulgencio Batista y entonces cambie la que usted ofrece en las cárceles cubanas, de las que creo que no está ajeno a ellas. Ya que la realidad de los condenados en su paraíso no son más que tratos crueles, violaciones a sus derechos, constantes y bestiales golpizas, maltratos, falta de asistencia médica y religiosa”.

“Los presos se encuentran incomunicados, su correspondencia es totalmente violada, (…) comparten celdas con reos de alta peligrosidad, en condiciones de hacinamiento extremo, sin posibilidad de cocinar, las visitas son cada tres meses y las jabas con sólo 30 libras, las condiciones higiénico-sanitarias existentes no pueden ser comparadas ya que no admiten calificativo. El agua está totalmente contaminada y escasa, la alimentación, la mayor parte del tiempo, está descompuesta, ya que los bombones, el jamón, los espaguetis, los calamares y el queso, el cubano sólo puede decir que los conoce porque las shopin en moneda extranjera son las únicas que los ofrecen a precios elevadísimos, siendo productos hechos en nuestra propia isla. ¡Qué diferencia, verdad, siendo usted el mejor presidente que ha tenido Cuba a través de la historia, siendo este el país, según usted, en donde no se violan ninguno de los derechos humanos! ¿Es de veras, su mandato, un ejemplo a seguir, un faro de luz para los pueblos hermanos?”.

La carta de esta valiente jovencita no necesita comentarios. Y, a pesar de todo, los cubanos celebraron el sábado pasado, con toda clase de pompas, el cumpleaños de su propio tirano.

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