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Un campesino compró un plástico para proteger sus plantas del agua, el viento, de la intemperie y para mantenerlas alejadas de los bichos, también las rociaba con buenas dosis de insecticidas y abono, en fin no había día, hora, momento que no pensara en la defensa de sus plantas. Pero una mañana levantó el plástico y su sorpresa fue que las plantas se habían podrido, sólo algunas sobrevivieron. Es posible que algunas se hubiesen convertido en bellísimas flores, etc., inclusive, sus colores hubieran adornado la monotonía de esta realidad aciaga, expresó María a Socorro. En este diario vivir hace falta generosidad para cultivar el provenir, el carácter del futuro sin ver alrededor que significa continuar respirando, aunque ya estemos muertos en vida, replicó Socorro…
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