En estos días del otoño europeo, en nuestro país el sol es menos luminoso, más fresco el aire de la mañana y la tarde, las hojas de algunos árboles se empiezan a dorar para caer más tarde, termina el año escolar y las graduaciones de bachilleres se realizan por todas partes. Hemos vuelto a la toga y al birrete, pero no al viejo orgullo y conocimientos de antes, cuando el bachiller era coronado con la baya o frutos del laurel.
Efectivamente, el término bachiller viene de las voces latinas bacca (baca o baya) laurus ('lauro' de laurel); baccalaureatus es el laureado con el fruto del laurel. Más tarde, el birrete sustituyó la corona que ceñía la cabeza del graduando. Bachiller era el primer grado que otorgaban las universidades, y solían ser en Filosofía y Teología, incluso la Universidad de León otorgó estos títulos. De aquí egresó, con el título de Bachiller en Filosofía, Rafael Francisco Osejo, leonés, quien después fue catedrático fundador de la Educación Superior en Costa Rica, donde también desempeñó otros cargos públicos y obtuvo merecidos honores.
En francés, bachelier era el joven que aspiraba a ser caballero; de hecho, por ser un universitario era una persona culta o de muchos conocimientos. La literatura española recuerda al eminente escritor: bachiller Fernando de Rojas, autor de La Celestina. En Nicaragua, la universidad ya no otorga el grado de bachiller; este reconocimiento es otorgado por la escuela secundaria cuando una persona culmina satisfactoriamente los estudios de este nivel. El respaldo de estos estudios es un diploma que permite ingresar a la universidad y no un título que faculta para ejercer una profesión, como era antes.
Los vocablos bachiller y bachillera usados como sustantivos, son correctos; pero bachiller también es un término común para masculino y femenino. Bachiller tiene otra acepción que es despectiva, en Nicaragua la usamos como adjetivo, y es la que indica al ‘sabelotodo’. En nuestro país ha sido famoso el bachiller Ponciano Lombillo, antiguo pelotero y después cronista deportivo, quien vino, procedente de Cuba, en los años 30, y por su locuacidad fue apodado cariñosamente como “el bachiller Ponciano Lombillo”. Actualmente, una calle de Cuidad Jardín lleva su nombre.
En nuestros días, no es suficiente ser bachiller o bachillera. Nadie quiere conformarse sólo con este diploma. Quien no alcanzó otro nivel académico superior al de bachiller, prefiere omitirlo. En décadas pasadas, el trato entre universitarios o de catedrático a estudiante era el de bachiller.
Ojalá que en un futuro se rescate este viejo orgullo de ser bachiller, formando en los graduandos el nivel de conocimientos que, en la actualidad, los bachilleres deberían tener. Estos conocimientos deben ser útiles para contribuir al desarrollo socioeconómico del país y a ellos se deben sumar valores que mejoren la convivencia y calidad de vida. Es necesario actualizar y diversificar el bachillerato; debe volverse al bachillerato técnico y exigirse el diploma de bachiller para desempeñar funciones como la de conductor; este servicio requiere de una inmensa responsabilidad. En esta ocasión, mientras felicito a los nuevos bachilleres que egresan, recomiendo a los dirigentes de la educación secundaria la importancia de mejorar la calidad de este nivel, ya que es una minoría de nuestra población la que logra culminar los estudios de bachillerato.