Una ligera llovizna cae sobre Bocana de Paiwas, cabecera municipal de Paiwas, en la Región Autónoma Atlántico Sur (RAAS). Algunos comerciantes se apresuran a cubrir con plástico negro la mercadería que ofertan en improvisados tramos situados sobre la única calle adoquinada que existe en la parte baja de un cerro, en cuyas laderas está asentado el mayor porcentaje de viviendas que virtualmente quedarían bajo agua si se construye el proyecto hidroeléctrico Copalar.
Mientras tanto, algunos niños y adolescentes con uniformes escolares regresan del instituto local, situado en la parte más alta del cerro y van a sus casas bajando por incómodos senderos que, cubiertos de piedras y lodo, se parecen al cauce de una quebrada sin agua.
Hay poco movimiento en los difíciles caminos del caserío en la colina, sin embargo, en el trayecto de la calle adoquinada, van y vienen campesinos de las comunidades aledañas que realizan algunas transacciones comerciales en Bocana de Paiwas. Algunos de ellos aprovechan el viaje para ir a los bares de la localidad.
El mismo ritmo se mantiene todos los días, a excepción de los martes de cada semana, cuando los campesinos de las diferentes comunidades y comerciantes de otros sitios como Río Blanco, acuden a Bocana de Paiwas durante el llamado “día del comercio”.
Mayoritariamente, los pobladores de Bocana de Paiwas están vinculados a las actividades comerciales, refiere la profesora Lilliam Pérez Castro, explicando que a lo interno del poblado prevalecen los pequeños negocios.
“Muchos tienen su casa aquí en el pueblo y tienen su finca en las comunidades. Entonces ellos traen cuajadas, crema, queso, cerdos y de todo lo que producen en sus fincas, para venderlo aquí (…) Otra gente tiene pulperías”, dice Pérez.
Según la profesora, que da clases nocturnas en el instituto local, los varones que carecen de finca trabajan como jornaleros en las propiedades de los finqueros y algunas mujeres trabajan como domésticas en el mismo poblado, mientras que otros laboran en las pocas entidades que tienen presencia en el lugar.
¿CUáNTOS SON?
Según cifras de un censo actualizado en marzo de este año y suministradas por Julio Amador, director de Servicios Municipales de la Alcaldía de Paiwas, con sede en Ubú Norte, en el poblado Bocana de Paiwas existen 350 viviendas, en las que habitan 1,402 personas.
Pero datos de la Caracterización Municipal del año pasado indican que en Bocana de Paiwas hay 389 casas en las que viven 2,727 personas.
Sin embargo, Yamileth Chavarría, de un organismo no gubernamental denominado Casa de la Mujer, difiere de ambas cifras y dice que “en nuestro pueblo son casi 500 casas y más de 4 mil personas las que hay en el casco urbano”.
ALCALDÍA ESTÁ EN UBÚ NORTE
A pesar de que Bocana de Paiwas es la cabecera municipal de Paiwas, la sede del gobierno municipal está en el poblado Ubú Norte, en virtud de una ordenanza municipal emitida en enero de 1998. En Ubú Norte también está la delegación municipal de la Policía Nacional.
Sin embargo, ambas entidades tienen filiales en Bocana de Paiwas donde están las sedes de las delegaciones municipales del Ministerio de Salud y del Ministerio de Educación, Cultura y Deportes. Además está la sede del Consejo Electoral Municipal y del Juzgado Local Único de Paiwas.
Otras plazas de empleo en Bocana de Paiwas las genera la Casa de la Mujer, que es el único organismo no gubernamental con presencia en el poblado. Esa entidad posee una radio denominada Palabra de Mujer, a través de la cual hacen campañas en contra del Proyecto Hidroeléctrico Copalar, que supuestamente inundaría todo el poblado y las comunidades vecinas.
DÁMASO LLEGÓ EN LOS AÑOS 50
Dámaso Daniel Chavarría López tiene 75 años. Es originario de la comunidad El Tabacal, jurisdicción del municipio de Muy Muy, Matagalpa, pero vive desde hace varias décadas en el poblado Bocana de Paiwas.
“Aquí conocí antes del año 1950”, dice Dámaso, recordando que “en ese tiempo yo era chavalo y venía de allá de El Tabacal y le daba (iba) para acá a El Toro (comunidad situada hoy sobre la ruta Wanawana- Ubú Norte) a encarrilar un terrenito”.
Señalando hacia el sector donde está la calle principal de Bocana de Paiwas, Dámaso añade que “yo pasaba por aquí y allí había una casita de un señor que se llamaba Celedonio Méndez. En esa casita yo pedía posada y allí dormía, pero en esos tiempos yo era chavalo de unos 20 años”.
“También había una casita de los Monge, que son de los primeros que vinieron. Todavía está uno de ellos que es Boanerges Monge, y entonces después se fueron agregando casas y casas”, recuerda el señor Chavarría, quien dice que en esa época trabajó varios años en una finca en Wanawana, sobre la ruta Río Blanco- Mulukukú.
Agrega que de la finca en Wanawana se trasladó a Bocana de Paiwas en el año 1972, poco después de haberse casado con Carmen Mendieta Amador, con quien procreó dos hijos. La señora murió en la década de los 80 cuando viajaba en una camioneta en la que también iban unos militares que fueron emboscados cerca del poblado de Río Blanco, Matagalpa.
Para entonces, dice Dámaso, en Bocana de Paiwas “ya habían bastantes casas y bastante gente”.
PAIWAS: DOS RÍOS
Atravesando la ciudad de Matagalpa, el sucio río parece moribundo, sin embargo, alimentado por decenas de ríos y quebradas en su curso por varios municipios matagalpinos, el caudal es impresionante. Y cuando empieza a surcar el territorio de la Región Autónoma Atlántico Sur (RAAS), el río Grande de Matagalpa acoge las aguas del río Paiwas, incrementando su caudal.
Por las pocas referencias históricas del lugar, se considera que el “abrazo” de ambos ríos dio origen al nombre del municipio de Paiwas, cuyo territorio está situado entre la cadena montañosa de la región central y las planicies de la costa Caribe nicaragüense.
Según una Caracterización Municipal, el nombre Paiwas procede de la lengua chontal, precisamente de los vocablos “pais”, que significa dos; y “was”, que se traduce como ríos.
Allí, a pocos metros del sitio donde ambos ríos se “abrazan” está asentado el pintoresco pueblo Bocana de Paiwas, habitado principalmente por inmigrantes que, igual que Dámaso Chavarría, llegaron en diferentes épocas, procedentes de los departamentos de Boaco y Matagalpa.
Pesca importante
Al final de la única calle adoquinada en el poblado Bocana de Paiwas, en lo alto de un barranco, está un rancho donde funciona un restaurante. Durante el verano es el sitio más concurrido por los pobladores del lugar y de las comunidades vecinas, por la vista que ofrece de la majestuosidad en el encuentro de los ríos Paiwas y Grande de Matagalpa.
Los lugareños conocen a la perfección los sitios navegables del río y en pequeñas lanchas o “pangas” que en ocasiones cuentan con un motor adaptado, algunos se dedican a transportar a quienes desean cruzar de un lado a otro o a quienes van a diversas comunidades en las riberas del río.
Para Yamileth Chavarría, directora de la radio Palabra de Mujer, además de generar ingresos a quienes realizan estas actividades, el río Grande de Matagalpa es también parte del patrimonio natural e histórico de Bocana de Paiwas.
“El proyecto (Copalar) destruiría el río”, dice Chavarría, asegurando que éste es un canal natural de riego, es fuente de alimentación para quienes se dedican a las pesca artesanal y comercializar el producto a lo interno del poblado, además que es la única vía de comunicación para quienes habitan en las comunidades situadas “río abajo” del lugar donde se construirá la represa.