Una fundación privada expresó el lunes su preocupación por el aumento de la violencia juvenil en Centroamérica, una situación que hipoteca el futuro de la región.
La violencia está en crecimiento, es mayoritariamente pobre, urbana, masculina, desempleada y es joven —entre los 13 y 29 años—, señaló la investigadora de la Fundación Arias para la Paz y el Progreso Humano, Ana Yancy Espinoza. Este último sector está en situación de riesgo pues presenta mayor vulnerabilidad. La estudiosa dio a conocer en rueda de prensa los hallazgos de un informe titulado “ La cara de la violencia urbana en América Central”.
EL SALVADOR ENCABEZALISTA SANGRIENTA
Comentó que en una recopilación de datos sobre hechos de violencia, a partir de un seguimiento por día a dos diarios de cada país de la región desde el 2000 hasta el 2004, El Salvador presentó 736 muertes, seguido de Guatemala con 658 y Honduras con 686 fallecidos.
Los países con menor registro fueron Panamá con 180, Costa Rica con 151 y Nicaragua con 57 víctimas.
Centroamérica es una sociedad explosiva, pues es una zona post-conflicto con una considerable disponibilidad de armamento de fácil acceso; casi tres millones de armas ilegales en circulación y donde la violencia es tolerada, advirtió.
TEMEN EXPANSIÓN DE MARAS
El estudio también destacó el temor en la región por la presencia de las pandillas o maras en el norte del istmo y por su posible expansión al resto de los países.
Señaló que las leyes antimaras de Guatemala, El Salvador y Honduras, así como las medidas contra esos grupos en Panamá, potencian el fenómeno e implican un retroceso en los procesos de humanización de las fuerzas de seguridad.
El informe también señaló que cuando Estados Unidos deporta a los mareros a sus países de origen, Centroamérica es incapaz de contener nuevas y radicales formas de violencia, que además se expanden con el narcotráfico, el trasiego de armas, los sicarios y el crimen organizado.