Turquía y Lituania son los únicos maquinistas capaces de frenar el choque de trenes de Argentina y España en las semifinales del mundial de básquetbol.
Todas las rutas conducen en dirección del expreso iberoargentino, pero las locomotoras tienen que hacer una parada obligada este martes en los cuartos de final. Y los polizontes turcos y lituanos suben con intenciones de descarrilar el viaje a la estación final.
Estados Unidos-Alemania y Francia-Grecia pujan el miércoles por los otros dos boletos a semifinales.
Argentina juega con una Turquía aguerrida, que gusta de sacar mollero y no rehuye al juego cuerpo a cuerpo en la pintura.
Bien la describió el entrenador argentino Sergio Hernández, cuando dijo que Turquía es un quinteto “con mucho carácter” y que defiende duro, casi al límite de lo que permite el reglamento.
La armada turca cuenta con el cañón de Serkan Erdogan, un fósforo capaz de quemar la defensa más frondosa, y además tiene un roble en el centro llamado Fatih Solak. Sus canasteros se conocen como la palma de la mano y corren bien en la cancha abierta.
Los turcos sólo perdieron un duelo en el torneo, 76-69 contra Grecia en el cierre de la primera ronda, y vienen de superar a Eslovenia en un reñido desafío de octavos de final.
Argentina no se queda corta en fuerza, pero además tiene estilo.
Fabricio Oberto, Luis Scola y Andrés Nocioni gustan de sacar chispas bajo el aro. El escolta Emanuel Ginóbili lo mismo la mete de tres como en una de sus patentizadas penetraciones. El armador Juan Sánchez distribuye con fluidez.
Si en Turquía son buenos compañeros, los campeones olímpicos parecen hermanos. Conocen a perfección la ubicación de cada uno, utilizan el espacio mejor que cualquier otro plantel y hacen el pase con los ojos cerrados.
Su efectividad en el ataque es pasmosa: Argentina tiene el tercer mejor promedio con 90,5 puntos por partido, es líder en asistencias (125 para promedio de 20,8), y además es número uno en rebotes (38,8).
La única grieta que exhibió recientemente fue el 1 de 18 en triples que firmó en el triunfo de octavos de final sobre Nueva Zelanda. Aún así, hay poco que criticar en un equipo invicto en seis presentaciones.
“Cuando los triples no salen, hacemos otras cosas para reparar la falta de tiro exterior”, expresó Oberto, compañero de Ginóbili en los Spurs de San Antonio. “Sabemos manejar el ritmo de juego, defender intenso y dominar la pintura”.
España en la mira
Sin menospreciar a Turquía, Argentina tiene la mira fija en España, que primero debe lidiar con Lituania y Arvydas Macijauskas. El escolta promedia 17.2 por juego y efectividad de 41.5 por ciento en lances de larga distancia.
Lituania pasó una prueba con la calificación mínima en la segunda ronda, cuando apenas dejó atrás a Italia gracias a la mala puntería de su oponente desde los tiros libre.
Pero si España tiene las manos llenas con Macijauskas, a los lituanos no les alcanzan los brazos para detener a Pau Gasol, el astro de los Grizzlies de Memphis que ha estado intratable en el torneo.
El pívot acerta el 65.4 por ciento de sus disparos de campo, para promediar 21 puntos por juego, y es el cuarto mejor en los rebotes con promedio de 9.2.
De su mano, España tiene la segunda mejor ofensiva del campeonato (93.8 por encuentro), superada únicamente por los 109.3 puntos que emboca Estados Unidos cada vez que sale a la cancha. Sin sudar mucho, los españoles están perfectos y vencieron 87-75 al actual campeón mundial Serbia-Montenegro en los octavos.
Los españoles distan de ser un monólogo de Gasol, quien tiene de hábiles secuaces al delantero fuerte Jorge Garbajosa (11.8 puntos y 5.5 rebotes), el escolta Juan Carlos Navarro (13.3 puntos) y el armador José Manuel Calderón (7.8 puntos y 4.3 asistencias).