Periódicamente presentan por televisión casos de personas que aparentan estar poseídas por el demonio. Es así como hace algunos días observé en la pantalla a una joven de Chinandega, de unos 18 años, que convulsionaba con gritos extraños y violentos movimientos de su cuerpo, de tal fuerza que se hacía difícil sujetarla a su cama, para la natural angustia de los familiares que estaban con ella.
Pienso que escenas de esta naturaleza no deberían ser transmitidas por consideración humana. Menos aún atribuirla a la influencia del maligno, por cuanto se trata, sin lugar a dudas, de ataques de histeria. Considerarlo posesión diabólica es cultivar la superstición y pensamiento mágico del nicaragüense.
La histeria, neurosis de conversión o trastorno de conversión, como también se le llama, es una palabra que se deriva del griego “hysteron”, que significa “matriz”, ya que en la antigüedad se asociaba este mal con el útero de la mujer, creyendo que sólo se daba en el género femenino y estaba asociado en alguna forma con la sexualidad. Actualmente se considera que no se relaciona con el útero, ni que este trastorno sea exclusivo de las mujeres, aún cuando es en las jóvenes donde se observa con más frecuencia.
La causa de la histeria es psicológica. Es la expresión de un mecanismo de defensa llamado “conversión”, que consiste en que los deseos o instintos que no puede satisfacer una persona en la vida real, se transforman, sin que ella se dé cuenta, en trastornos o síntomas orgánicos que reflejan en el cuerpo los deseos y problemas que padece.
Una señora, por ejemplo, que tiene el deseo de tener un hijo, que por diversas razones no puede engendrar, puede desarrollar inconscientemente en su organismo diversos síntomas de embarazo, que expresan su deseo frustrado de ser madre.
Son también manifestaciones del mecanismo de conversión las cegueras, sorderas y parálisis psicológicas, llamadas “psicológicas”, porque en realidad no tienen un origen orgánico, sino que resultan de conflictos emocionales del paciente.
Lo mismo ocurre con los ataques histéricos, los cuales presentan la característica de ocurrir siempre cuando están presentes otras personas. Estos ataques nos revelan el interés oculto del paciente de llamar la atención y provocar lástima de quienes lo rodean.
El histérico es muy emotivo y extraordinariamente impresionable, lo que hace suponer la influencia que puede tener en sus síntomas, películas de gran impacto como El Exorcista.
El desengaño en el amor y otras frustraciones profundas pueden desencadenar el ataque histérico. Los espasmos, la intensidad de las emociones, los gestos y características de las contorsiones, pueden constituir una descarga de tensiones de naturaleza sexual. En este caso, la expresión “ser poseído por el demonio” tendría aquí un significado erótico evidente.
Todo esto nos lleva a pensar que debemos observar prudencia en la divulgación de estos casos, para no alejarnos de la verdad y no afectar la dignidad de las personas que sufren este mal.