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¿Matar a LA PRENSA?

El martes de esta semana, durante la celebración de una rueda de prensa del PLC, en Managua, algunos de los asistentes gritaron, exaltados, una extraña consigna: “¡Muerte a LA PRENSA! ¡Muerte al Canal 2”. La reunión con los periodistas era para anunciar la adhesión de algunos empresarios a la campaña del candidato presidencial del PLC, doctor José Rizo. Y la consigna de “muerte a LA PRENSA y al Canal 2”, la gritaron activistas de ese partido cuando un periodista de este Diario preguntó a los empresarios adherentes a la campaña liberal, “por qué decidieron respaldar al PLC, cuyos directivos han sido señalados de actos de corrupción, principalmente el ex presidente Arnoldo Alemán”.

Tal vez la pregunta no fue formulada con la debida precisión, pues no todos los directivos del PLC han sido señalados de actos de corrupción, pero eso no justifica la reacción desmesurada y ominosa contra LA PRENSA y el Canal 2 de televisión, extensiva a la libertad de prensa en general.

Nosotros no creemos que la dirigencia del PLC, en su conjunto, y mucho menos los candidatos presidencial y vicepresidencial de dicho partido, están “orientando” esas actitudes y consignas que atentan contra la libertad de información y de algún modo constituyen también una amenaza contra la seguridad y la vida de las personas que representan a LA PRENSA y el Canal 2 de televisión, ya sea como periodistas o como directivos y propietarios de estos medios de comunicación. Sin embargo, debemos recordar que no es nueva ni sorprendente esa animadversión de miembros y dirigentes del partido liberal de Nicaragua, hacia la libertad de prensa y el Diario LA PRENSA en particular.

Al respecto, en la misma nota periodística en la que se informó sobre las consignas liberales clamando por la muerte de LA PRENSA y el Canal 2, se recordó que: “Durante las elecciones municipales, en el 2004, el ex Alcalde liberal del municipio El Ayote, Eugenio Hernández, asesinó a la periodista de LA PRENSA, María José Bravo”. Además, yendo más atrás en la historia están debidamente documentadas todas las agresiones que sufrió LA PRENSA durante la dictadura liberal somocista, tan duras como las que sufrimos durante el régimen autoritario sandinista y en ambos casos como castigo porque denunciamos los desmanes y crímenes cometidos por ambas dictaduras.

Después de la restauración del liberalismo en el poder, en 1997, LA PRENSA volvió a sufrir las consecuencias de la antipatía liberal. Inclusive LA PRENSA estuvo amenazada de ser clausurada para siempre, mediante un arbitrario y multimillonario reparo fiscal que le impuso el gobierno de Alemán como castigo por sacar a luz la gran corrupción que se estaba perpetrando.

Actualmente, es evidente que la animadversión hacia LA PRENSA se debe a que con toda razón y derecho hemos denunciado el pacto libero-sandinista, el cual le ha causado un daño devastador a la institucionalidad democrática y a la moralidad pública, y por su culpa la nación se encuentra ahora gravemente amenazada con ser obligada a regresar a los tiempos del autoritarismo y la lipidia.

También hay que anotar que la antipatía de simpatizantes y directivos del PLC hacia LA PRENSA y el Canal 2, es porque publican los resultados de encuestas que ambos medios de comunicación encargan y pagan a empresas encuestadoras profesionales, en las que el PLC y sus candidatos aparecen abajo en los índices de intención de voto. Al parecer esos miembros del PLC quisieran que manipuláramos los datos de las encuestas para favorecer la imagen de su candidato. Pero eso es algo que no vamos a hacer jamás, ni por el PLC ni por ningún otro partido o candidato, aunque griten consignas clamando por la muerte de LA PRENSA. Y sólo esperamos que a ningún exaltado se le ocurra pasar de las palabras al hecho criminal, como pasó con el asesinato de María José Bravo en noviembre del 2004.

Los historiadores del periodismo aseguran que tan viejo como la misma prensa es el intento de callarla o domesticarla. Y eso se debe a que siempre ha habido quienes creen ser los únicos y verdaderos representantes de los intereses del pueblo, y esa arrogancia los hace intolerantes a la crítica, ya no digamos a la denuncia de sus abusos. Sin embargo personas de ese tipo tienen que aceptar que la democracia verdadera significa ante todo libertad de prensa y medios de comunicación independientes, que tienen el derecho y la obligación de criticar, investiga y denunciar.

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