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Crisis energética, un problema de precios
Winstonl García Trejos
El autor es economista

En los últimos días se ha agudizado la profunda crisis que tenemos los nicaragüenses con la energía eléctrica. Los apagones están presentes de nuevo en nuestra realidad nacional y pone a prueba el sistema de distribución.

Discutía con uno de mis profesores de la Universidad Católica de Chile que los problemas que tenemos nosotros con la energía no son de escasez del recurso sino más bien un problema de precios, y el ente regulador tiene esa tarea tan importante de establecer el equilibrio entre el óptimo social y el óptimo privado.

La distribución de energía eléctrica en todos los países del mundo, por lo general es un monopolio natural debido a la muy alta inversión y para aprovechar la economía de escala. Contra esto no hay más que hacer si no regular este monopolio, que es tarea del Estado por medio de las tarifas de costo marginal, porque como vimos en el pasado el establecimiento de precios máximos o subsidios óptimos conlleva al mantenimiento de una burocracia que no sólo es costosa en términos de recursos, sino también en términos de corrupción e inmoralidad social.

Definitivamente la ciudadanía nicaragüense debe estar consciente de algo muy importante y es que la energía eléctrica que usamos tiene un costo y ese costo tiene que pagarse. Por otra parte el ente regulador debe promover el pago justo tanto de los usuarios como el cobro relativamente justo con los costos de la empresa. En uno de sus libros el doctor Ernesto Fontaine demuestra que la producción socialmente óptima para el monopolio, en este caso de la energía, es aquella donde el costo marginal de la producción es igual al precio del producto en el mercado, haya o no utilidades para ese volumen de producción y sean o no excesivas las utilidades que resulten.

Un precio justo en el mercado nicaragüense de la energía eléctrica permitiría incentivar la inversión en el sector porque además de ser rentable sería atractiva, lo que también incentiva a buscar alternativas de energía más baratas y de esa manera aprovechar el margen de utilidad entre el precio y el menor costo.

Sin duda que los impuestos y los subsidios tienen un papel muy importante en este sector en una sociedad con desiguales ingresos como la nuestra, pero la experiencia nos demuestra lo ineficiente que han sido estas políticas en cuanto a mejorar de raíz el problema, ambas medidas generan una externalidad negativa en la sociedad por el uso de “precios mentirosos” como les llama el doctor Fontaine, porque la sociedad no le da el valor real que tiene la energía para su uso ya sean que paguen un precio mayor por su consumo o menor, lo que fomenta el desperdicio.

Ahora veamos cuánto le cuesta al país en términos de recursos nacionales generar esa energía, que es relativamente bajo en relación a las ventajas que podría obtener de ella si su distribución fuera eficiente en cuanto a precio y aprovechamiento, porque su disponibilidad como insumo se vería reflejada en el precio que le asigne la sociedad.

Desconozco las políticas que pueda implementar el ente regulador, pero cada día el país pierde más por este problema de precios. Las próximas medidas deben ser bien evaluadas en beneficio del país y aunque parezcan impopulares a ciertos sectores, poco a poco se tiene que aceptar lo mejor para la sociedad en su conjunto.

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