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El periodismo de opinión ha vuelto
Guillermo Rothschuh Villanueva

Cuando las versiones sobre la crisis de la prensa escrita suben de tono, a contrapelo de esta apreciación y con un tono y un sentido diferente Mónica María Viada, profesora de la Escuela de Ciencias de la Información de la Universidad de Córdoba, Argentina, nada a contracorriente y nos ofrece una visión menos pesimista que la que cunde en el ambiente.

Expuestas a manera de paradojas, las tesis de Viada resultan alentadoras. La primera tiene que ver con la Televisación vs. Profundización en la prensa. El periodismo en sus inicios fue un periodismo de opinión o más precisamente periodismo ideológico. Durante todo un buen trecho, desde el establecimiento de la libertad de prensa en 1788 en Francia, la prensa se caracteriza por la difusión de ideas y las manifestaciones de opiniones antes que de informaciones. Igual que como aconteció en Nicaragua los primeros periodistas fueron verdaderos escritores. De esto se desprende el dejo y el estilo literario de las primeras piezas de opinión.

Como lo he remarcado en distintos momentos el hecho tecnológico ha gravitado de manera determinante en la introducción de cambios en el quehacer periodístico. El telégrafo, las agencias de prensa, la rotativa, la linotipia, el teléfono incidieron de manera determinante al paso del periodismo de opinión a la hegemonía del periodismo informativo. Su principal característica fue despojar a los textos de toda visión subjetiva. El diario se reserva su propio espacio: la página de opinión. No entraré a la discusión bizantina de la separación radical que debe existir entre información y opinión, porque en la práctica este hecho ya no ocurre por mucho que lo sostengan y traten de enseñar en las escuelas de comunicación o periodismo.

Con la radio y la televisión ocurren cambios vertiginosos. Los hechos son difundidos casi de manera instantánea. Los satélites e Internet vendrán a acelerar el vértigo de circulación de las noticias y a que los medios audiovisuales adquieran una enorme centralidad. Como lo sostiene Régis Debray, somos la primera civilización que da crédito a lo que ve. Ramonet lo dice de una manera parecida: se nos quiere convencer que ver es entender. Sin embargo, esto encierra una enorme falsedad. Pero lo que los medios electrónicos ganan en instantaneidad los medios impresos logran sacarle una mayor ventaja, un enorme provecho. Si ver no es entender, las explicaciones, las contextualizaciones, los análisis, el desarrollo de piezas argumentativas y la interpretación de los hechos se convierten en elementos claves que ofrecen los medios impresos.

Aún con el quiebre que produce USA Today en los años ochenta, precipitando a los medios por el camino del arrevistamiento y la nota corta, como contrapartida el periodismo de opinión recupera el espacio que le había arrebatado el periodismo informativo. Frente a la noticia fragmentada, corta, abundante, al extremo de hacer expresar a Abraham Moles que vivimos una auténtica polución informativa, el periodismo de opinión recupera el lugar que le había quitado el periodismo informativo. No existe ningún texto moderno que no insista sobre la urgencia de brindar análisis en profundidad, en explicar a fondo los acontecimientos para que estos adquieran sentido. Hoy más que nunca asistimos a un momento de la historia en el que el análisis de los hechos se impone como una exigencia impostergable. En un movimiento sabio, los medios impresos han convertido en fortaleza su debilidad. El juicio de especialistas y expertos en distintas disciplinas que aparecen en las diferentes páginas de opinión sirven para orientarnos en un mundo globalizado. Esto vuelve más necesaria y apetecible la página de opinión.

En Las guerras del futuro Heydi y Alvin Toffler refiriéndose al fenómeno de las guerras transmitidas en directo, en donde poco o nada se ve, sostienen claramente que éstas deben ser informadas, pero ¿en verdad debería hacerse en tiempo real?

Las páginas de opinión son el mejor seguro y el principal activo con que cuentan los medios impresos. Fortalecerlas, ampliarlas, retener las plumas más brillantes, los analistas más rigurosos se convierte en un imperativo. Ante los desequilibrios y el pánico que infunde la revolución electrónica, las páginas de opinión constituyen la mayor fortaleza de los medios. Agregan valor a la noticia, la vuelven comprensible y confieren prestigio e influencia al medio. Lástima que en las escuelas de comunicación, incluyendo la nuestra, el espacio cedido en los programas de estudios al tema de la opinión sea mínimo y que frente a la abundancia de textos sobre marketing, publicidad, relaciones públicas, comunicación institucional, el déficit sobre textos que aborden el tema de opinión sigan siendo escasos y de poco interés para los periodistas y comunicadores. No hay duda, el texto de Mónica María Viada resulta, provocador, estimulante y oxigenante.

El autor es Decano de la Facultad de Ciencias de la Comunicación Social, UCA.

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