Centenares de familias de El Viejo, Chinandega y León, se concentraron ayer, en la humilde ermita de la Virgen del Hato, para ofrecer en su nombre los más hermosos gestos de caridad.
Desde la madrugada del lunes, buses, camionetas, mujeres a caballo y a pie, de muchas comarcas rurales de El Viejo, viajaron al Hato, a 50 kilómetros de Chinandega, para hacer rogativas y cumplir penitencias ante la imagen de La Purísima, la Virgen Peregrina del campesinado de Chinandega.
En el templo, construido en medio de la zona rural de El Viejo, se observaron distintas formas de pagar promesas. Desde enfermos, nicaragüenses de visita en su tierra y devotos de la Virgen del Hato, entraron vendados, de rodillas o cargados, para elevar plegarias, cantar salves, detonar pólvora y regalar productos de necesidad para el hogar, repartidos entre los peregrinos.
El señor Cristóbal Pomares, en nombre de la directiva de la comunidad de la Virgen, recibió más de 50 reliquias en oro y plata, que fueron nuevamente colgados en el manto y tunisela de la Virgen, singularmente vestida con los colores de la patria y su sombrero de alas anchas.
Uno de lo problemas para llegar hasta la comunidad del Hato es el deterioro de la carretera, aunque l os lugareños comentaron que la Alcaldía de El Viejo ofreció iniciar la carretera hasta la ermita, para repararla en el mes de octubre.
“No sé si serán promesas de campaña, pero la comunidad necesita dar bienestar a los promesantes que asisten a los velorios en noviembre, como además garantizar que el camino sea accesible, manifestó Toribia Baquedano, del Comité Comarcal.
Así celebró la gritería chiquita, la zona rural. Con humildes altares adornados con flores del campo y repartiendo golosinas.
Sobre la carretera, fue notorio observar camionetas que repartían refrescos nacionales embolsados, como un símbolo de solidaridad entre el campo y la ciudad.
Año con año los creyentes y devotos de la Virgen del Hato la celebran en esta fecha.