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El voto disidente
Fulvio Tijerino Pérez
El autor es maestro jubilado

Según las encuestas realizadas siempre se mantiene un porcentaje por encima del 30 por ciento de votantes indecisos y/o votantes que no tienen por quién votar.

Es esta cantidad de votantes la que no cree en cuentos de sirenas; los que ya no confían en promesas de candidatos; piensan que a los candidatos de los partidos políticos sólo les interesa escalar cargos públicos para su beneficio personal, ya que recibirán megasalarios, más prebendas y además serán inmunes para cometer toda clases de tropelías.

Es comprensible que cada candidato trate de presentar un programa de gobierno atractivo y convincente para atraer la mayor cantidad de votantes. Cada partido político realiza inversiones en costosas propagandas; en organizar sus campañas para concentraciones y movilizaciones de personas. Todo con el fin de causar buena impresión para convencer a la población de que ese partido es el que merece sus votos.

Pero los votantes indecisos y apáticos están convencidos de que una nueva elección, cualquiera que sea el partido o los candidatos elegidos, la situación política organizativa de Nicaragua no cambiará; seguirán los partidos políticos organizando y conduciendo el Gobierno conforme sus propios intereses partidistas; realizando pactos y arreglos para obtener cuotas de poder. Están convencidos que no será por medio de las elecciones ni por el voto mayoritario de los Diputados en la Asamblea Nacional que se logrará realizar transformaciones revolucionarias que cambiarán el sistema político organizativo de Nicaragua para que pueda establecerse un nuevo sistema de Gobierno más democrático, que no propicie la corrupción gubernamental .

Este alto porcentaje de votantes cree que las tensiones político partidistas y los núcleos de poder existentes en los diferentes Poderes del Estado, no permitirán que sus intereses partidistas y personales sean puestos en situación de riesgo al realizarse reformas constitucionales de fondo. Por tanto, están convencidos que sólo provocando la instalación de una Asamblea Nacional Constituyente conformada por personalidades que no tengan compromisos partidistas será posible que haya una reforma total de nuestra Constitución Política, que haga posible una reingeniería del actual sistema de gobierno, para desintegrar los actuales núcleos de poder; para que haya una mejor distribución de los recursos del Estado, reduciendo el tamaño del Estado y eliminando los megasalarios, las prebendas, las regalías así como otros elementos de corrupción estatal.

Hasta la fecha no hemos escuchado ningún candidato de los partidos políticos, en campaña electoral, que al menos se comprometa a impulsar la aplicación de este recurso constitucional.

Todo hace pensar que no les interesa ni les preocupa cambiar el actual sistema de gobierno porque no favorece los intereses personales ni partidistas. Quizá hace falta que alguno de estos partidos levante ese estandarte. Mientras tanto, este alto porcentaje de votantes estará al pendiente de que haya un partido político que asuma ese reto.

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