La filosofía es el origen de la ciencia, ¿será la ciencia el destino de la filosofía? (Alejandro Serrano Caldera, filósofo nicaragüense).
Hay que construir una cultura científica de Nicaragua (Jorge A. Huete Pérez, biólogo molecular nicaragüense)
Las decisiones científicas están ligadas a valores morales y a puntos de vista que se consideran correctos después de considerar los hechos e interpretarlos en base al conocimiento establecido y a los principios reconocidos. Francis Macrina de la Virginia Commonwealth University en Richmond, nos cita como ejemplo que la mayor parte de los científicos decidió, en algún tiempo pasado, hacer experimentos con animales, por el riesgo que presentan en los humanos, aunque, sin embargo, algunos miembros de la sociedad científica cuestionan este hecho como una falta de ética profesional, pero la mayoría acepta que la investigación con animales es necesaria y debe hacerse en una forma humanitaria.
Las decisiones sobre lo que es moralmente correcto o incorrecto es un asunto difícil y no existe un manual para todos los casos. El científico decide y vive con sus determinaciones.
La historia de la ciencia está llena de experiencias que no se ajustan a los códigos de la ética. Sólo nos basta recordar que los nazis (Alemania 1933-1945) destruyeron la ciencia y abandonaron la ética (Robert Proctor, 1954). Para evitar repetir los errores del pasado, debemos trabajar cuidadosamente examinando la moral de las decisiones que tomamos en nuestras investigaciones científicas. La investigación biomédica exige conocimiento de los principios éticos, aunque algunos todavía opinan que son simples preferencias.
La ética normativa busca como establecer la conducta de lo que es moralmente correcto o incorrecto y la metaética analiza los fundamentos de los conceptos morales de lo correcto y lo incorrecto. Las teorías teológicas enfocan casi exclusivamente en las consecuencias de una acción para determinar la moralidad de la misma y, por su parte, las teorías de la deontología no dependen exclusivamente de las consecuencias de las acciones para determinar su moralidad. Sobre este tema, Roger Fjellstrom, de la Universidad de Umeå, Suecia, nos inspira con sus reflexiones sobre la ética y el holocausto, en su magnífica obra Morality of the light, morality of the dark.
Nuestras decisiones requieren una reflexión crítica para cada caso y es un proceso que identifica los hechos y las evidencias relacionadas al problema, para luego poder defender las conclusiones que se hagan. Se tiene que estar seguro de que cada una de las decisiones es firme y, al igual que las hipótesis, debe enfrentarse y superar las pruebas de la crítica y el tiempo.
De la misma forma nos sitúan los principios de la sensibilidad, el razonamiento, el compromiso y la perseverancia moral. Si el primero nos coloca frente a una situación, pensando al mismo tiempo en quiénes va a afectar nuestra decisión y cómo vamos a ser juzgados; el segundo, nos obliga a hacer un juicio sobre si la acción es moralmente correcta, justa o buena y así concluir qué se debe hacer, o qué no se debe hacer y, finalmente, el compromiso, que nos obliga a decidir lo que es moralmente correcto y a darle prioridad a los valores morales por encima de nuestros valores personales para luego implementar la decisión, superando los obstáculos que se encuentren y perseverar en los principios, sin olvidar que el objetivo principal no sólo es el conocimiento sino la acción correcta.