Se habla tanto de que ha fracasado el neoliberalismo (como llaman los populistas e izquierdistas en general al sistema democrático basado en el libre mercado), que no pocas personas inclusive demócratas han terminado creyendo que eso es verdad.
Pero no es cierto. Por el contrario, el sistema democrático o neo liberalismo, como lo quieran llamar, ha sido muy exitoso. En realidad, lo único bueno que hay ahora en Nicaragua —estabilidad macroeconómica, excelentes vías de comunicación en parte del país, comercio dinámico con numerosos y modernos centros de compras, decenas de miles de personas con puestos permanentes de trabajo en el sector privado, creciente poder adquisitivo de la población, acceso masivo a las comunicación de tecnología avanzada, etc.—, se deben precisamente al sistema democrático político y económico que ha imperado en el país en los últimos dieciséis años.
Por supuesto que hay muchos problemas económicos y sociales que afectan a extensos sectores de la población. Por ejemplo, muchos caminos de penetración y trechos de carreteras principales están muy deteriorados, pero esto es debido a que los diputados del PLC y el FSLN, por venganza política contra el presidente Enrique Bolaños, han bloqueado durante largo tiempo la autorización de los desembolsos necesarios para su reconstrucción. Además, en tiempos del régimen populista sandinista no sólo esos trechos sino que toda la red vial del país era la que no servía para nada.
Sin dudas que si Nicaragua estuviera todavía sometido al régimen populista y autoritario de Daniel Ortega y el Frente Sandinista —que es la alternativa al sistema democrático —, la mayor parte de los nicaragüenses se encontrarían en una situación económica, social y política muchísimo peor que como estaba a principios de 1990, cuando el FSLN se vio obligado a entregar el gobierno después de perder las elecciones, dejando al país en escombros, empobrecido al extremo y con un retraso de décadas en relación con los países vecinos de Centroamérica.
Los populistas dicen que la mejor prueba de que el sistema democrático o neoliberalismo ha fracasado, es la pobreza que existe en el país. Pero, ¿acaso no eran peores las penurias, los degradantes racionamientos y las odiosas discriminaciones que sufría la población bajo el régimen populista sandinista?
Con respecto a la situación actual, hay que agregar que si no hubiera sido por la estrategia de Daniel Ortega y el FSLN, de “gobernar desde abajo”, los logros del proceso de construcción de la democracia en beneficio de la población, serían mayores a estas alturas. Del mismo modo que mucho mejor sería la situación de Nicaragua de no haber sido por la corrupción multimillonaria que hubo durante el período de gobierno de Arnoldo Alemán, y por las consecuencias nefastas del pacto libero-sandinista.
Queda por señalar otra enorme ventaja que tiene el sistema democrático sobre cualquier modalidad de populismo: castrista, chavista o sandinista. Se trata de la libertad y la democracia, del derecho de todas las personas a la información independiente y a la libre expresión del pensamiento, de la libertad de movilización dentro y hacia afuera del país, del pluralismo político y la libertad de elegir a las autoridades gubernamentales, etc. Ninguno de esos derechos y libertades existen en las sociedades populistas y autoritarias.
Por supuesto que el sistema democrático no es perfecto, ni pretende serlo. Pero aún con todos sus defectos, la democracia liberal es la mejor forma de gobierno y de organización económica y social que hay y que ha existido a lo largo de la historia, y sobre todo superior a los sistemas totalitarios, autoritarios y populistas que donde se imponen arruinan a la sociedad y degradan la condición humana.
Y precisamente porque son conscientes de las imperfecciones y fallas del sistema democrático es que los auténticos demócratas se esfuerzan por mejorarlo, promueven la solidaridad social, combaten la corrupción en el ejercicio de los poderes públicos, proponen medidas para limitar excesos en el afán de lucro y exigen la aplicación de reformas que permitan resolver efectivamente los problemas sociales. Todo ello en el marco de la democracia y de los valores de la libertad y del respeto a la dignidad humana.