Cuando a Pat Gillick, el arquitecto de aquellos Azulejos de Toronto que se llevaron el título en las Series Mundiales de 1992 y 1993, le consultaron por qué desarmaba a los Filis, su respuesta fue concluyente.
“Estos muchachos ya recibieron su oportunidad de estar juntos y no ganaron. Así que ha llegado el momento de desmantelarlos y pensar en el equipo del futuro”, dijo el directivo.
Eso, además de la necesidad de tener cierta flexibilidad con el dinero, es lo que explica las partidas de Bobby Abreu y Cory Lidle a Nueva York, David Bell a Milwaukee y Ryan Franklin a Cincinnati, todos a cambio de prospectos.
¿Y aquí en Nicaragua cómo se trabaja? Es evidente que no existe un plan y ni siquiera hay consistencia en los conceptos. Hace unas semanas, a Asdrudes Flores se le consideró viejo para ir a Colombia. Ahora en cambio, va para Cuba.
Nuestro beisbol, y le digo así, porque el beisbol nos pertenece a todos, está salpicado de jugadores que ya recibieron su oportunidad, como diría Gillick, pero se continúa recurriendo a ellos porque no hay otro palo en que ahorcarse.
“La experiencia no me interesa. Yo lo que quiero en el terreno es calidad y actitud”, dijo Denis Martínez, un día de éstos en el estadio que lleva su nombre. Y tiene razón. Así debería ser. Pero no es así.
El otro día, Aníbal Vega me decía que “estar en la Selección Nacional es un sacrificio y nadie parece notarlo”. Y es cierto. No hay condiciones para los muchachos porque no se ha trabajado correctamente para crear esas condiciones.
“Estos muchachos necesitan ser estimulados. Necesitan ser atendidos”, decía Martínez, mientras por fin se les conseguía algo para tomar en las prácticas.
Y mientras no se trace un plan, vamos a seguir dependiendo de la presión que personajes como Denis puedan ejercer de forma coyuntural. Luego, se volverá a la posición anterior.