OCTAVA ENTREGA
Lejos quedan los años de bonanza económica, a la sombra de las ayudas de la desaparecida Unión Soviética, que durante décadas fue el principal soporte económico y político del régimen cubano.
La caída del bloque soviético, en 1989, sumió a Cuba en un “crack” económico sin precedentes que las autoridades denominaron “Período Especial” y que los cubanos prefieren mantener en el olvido.
El desplome de la economía, agravado por el embargo económico y comercial impuesto sobre la isla por Estados Unidos tras el triunfo de la revolución, obligó a Castro a abrirse al turismo, a autorizar una incipiente iniciativa privada y a aceptar el dólar estadounidense, la moneda del enemigo.
Poco más de 15 años después de la desaparición de la URSS, Castro ha dado por superado oficialmente el “Período Especial” y ha echado marcha atrás en las tímidas medidas liberalizadoras que aprobó en la década de los noventa.
A la vista de la mejora de la economía, decretó en el 2004 la “expulsión” del dólar de la circulación y revaluó las dos monedas que conviven en la isla: el peso cubano (24 pesos cubanos equivalen a un dólar) y el peso convertible (CUC, un 8 por ciento más caro que el dólar).
Con un crecimiento del 11.8 por ciento en el 2005 y un ritmo superior al 12 por ciento en lo que va de año, según las autoridades de la isla, Castro puede respirar aliviado, pese a las reservas que mantienen organismos internacionales, como la CEPAL sobre los datos económicos que ofrecen las autoridades cubanas.
La exportación de servicios —los prestados por médicos, profesores y técnicos deportivos en países del tercer mundo— se ha convertido en el gran tirón de la economía cubana.
Además, el turismo, que el pasado año generó unos 2,000 millones de ingresos brutos, y el níquel, que aporta a la economía nacional unos 1,000 millones anuales, se mantienen como dos importantes motores de la economía local, que recibe también cerca de mil millones de dólares en remesas, según cálculos extraoficiales que el gobierno no confirma.
Con estas cifras, Castro puede permitirse el lujo de ir cerrando el grifo de la “liberalización” y volver al comunismo en estado puro.
Hasta la libreta de racionamiento, por la que los cubanos reciben alimentos de la canasta básica a precios subsidiados, puede desaparecer en breve.
CHÁVEZ, AMIGO CLAVE
En la recuperación económica y la superación del período especial, el papel de Hugo Chávez, el Presidente de Venezuela, principal amigo y aliado de Castro, es clave. Hasta tal punto es importante su influencia que algunos analistas empiezan a hablar de la “venezolanización” de la isla como hace décadas se habló de su “sovietización”.
Los 98,000 barriles de petróleo diarios que Chávez envía a la isla, y que Cuba paga a precios preferenciales y con servicios médicos, educativos y deportivos, son fundamentales para la frágil economía cubana.
Precisamente en la venta de servicios médicos, educativos y deportivos radica el crecimiento económico de Cuba.
El intercambio comercial con Venezuela superó el año pasado los 3,670 millones de dólares y en el primer trimestre del 2006 alcanzó los 1,200 millones. Más de la mitad de estas cifras corresponden a la factura petrolera.
Más 45,000 médicos, educadores y técnicos cubanos trabajan en Venezuela en misiones sociales de la revolución bolivariana liderada por Chávez, cientos de miles de pacientes venezolanos han sido operados de la vista en Cuba y unos 10,000 jóvenes estudian medicina en universidades cubanas.
Además, ambos mandatarios impulsan la “Operación Milagro”, por la cual 6 millones de latinoamericanos —entre ellos cientos de nicaragüenses— serán operados o tratados de enfermedades de la vista en Cuba y Venezuela en los próximos diez años.
Castro y Chávez están volcados, también, en un gran proyecto de integración latinoamericana, el ALBA (Alternativa Bolivariana para las Américas), al que recientemente se ha sumado Bolivia, y que pretenden extender en la región como alternativa al Área de Libre Comercio (ALCA) defendido por Estados Unidos.
No se trata sólo de petróleo, cooperación médica o becas estudiantiles. Sus relaciones incluyen macroproyectos por cifras millonarias, como la creación de una empresa mixta para reactivar la refinería de Cienfuegos, que fue uno de los grandes proyectos conjuntos entre La Habana y Moscú en la etapa soviética y quedó interrumpido tras la caída de la URSS.
Acercamiento con China
Además, Cuba está dispuesta a avanzar en sus negocios con China, el gigante asiático al que compró productos por unos 500 millones de dólares en el 2005.
Sus estrechas relaciones con Venezuela y China no han impedido que Cuba mantenga sus compras a empresarios estadounidenses, que suman ya más de 1,600 millones de dólares desde 2001, cuando Washington autorizó las ventas de productos agropecuarios a la isla tras el paso del huracán Michelle.
BATALLA CONTRA LA CORRUPCIÓN
Paralelamente, Cuba vive una vuelta a las “esencias” de la revolución comunista acompañada de una “batalla sin tregua” contra la corrupción y los “desvíos”, como eufemísticamente las autoridades se refieren a robos y fraudes.
Castro se ha volcado en una intensa campaña contra la corrupción en todos los sectores. El objetivo, ha dicho en público más de una vez, es crear una “sociedad enteramente nueva”.
“Será como un huracán fuerza V”, dijo hace unos meses Castro para referirse a la intensidad de su campaña contra la corrupción, que ha afectado prácticamente a todos los sectores de la actividad en la isla.
Gasolineras vigiladas por jóvenes trabajadores sociales, hoteles en el punto de mira, comercios, bodegas, agromercados. Todo debe estar bajo control para evitar los “desvíos”.
Las auditorías a empresas estatales se han multiplicado. Sólo en el Ministerio de Comercio Interior, según datos oficiales, los “deficientes controles económicos” provocaron el pasado año pérdidas superiores a los 250,000 dólares y revelaron que más de la mitad de las entidades inspeccionadas “fueron evaluadas de mal o deficiente en los controles económicos”.
Los “nuevos ricos”, los “parásitos sociales”, como Castro se refiere a quienes se han aprovechado del fraude, los “desvíos” y el trapicheo con el dólar, no lo van a tener fácil a partir de ahora.
A pesar de su empeño, la batalla contra la corrupción se presenta dura. En un país donde el salario medio oscila entre 15 y 30 dólares y la mayoría de los productos de uso diario se adquieren en “moneda dura”, como los cubanos se refieren a las divisas, sólo hay un camino para sobrevivir: “resolver”.
“Esto no es fácil y ya tú sabes, hay que resolver”. Esta es la frase más oída en las calles desde hace décadas. Así, resolviendo y trasladando las mercancías desviadas en jabitas (bolsas, un cubanismo del inglés handbag), sobreviven millones de cubanos.