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Dime por quién votas y te diré quién eres

El señor Cornelius Plantinga Jr., quien es presidente del Calvin Theological Seminary, en Grand Rapids, Michigan, Estados Unidos, expresa en una de sus obras lo siguiente: “Siembra un pensamiento y cosecha un acto; siembra un acto y cosecha otro acto; siembra varios actos y cosecha un hábito; siembra algunos hábitos y cosecha un carácter; siembra un carácter y cosecha dos pensamientos”.

Eso significa que el carácter de los individuos produce una cultura y ésta, a su vez, forma un tipo de carácter y así se redondea el círculo. Cabe considerar la importancia de ese punto de vista en la Nicaragua de hoy, que vive una situación muy compleja y es un país en el que lamentablemente predomina una cultura política de corrupción y deshonestidad, que refleja el carácter de quienes la practican y ejercen los poderes públicos. Sin duda que hay políticos nicaragüenses que proyectan algún grado de confianza, pero son tan pocos que se pueden contar con los dedos de una mano. Y en cuanto al descrédito de la generalidad de los políticos, sin duda que son ellos mismos, con sus acciones, los que han creado esta desconfianza generalizada.

Un ejemplo sencillo de esto es la declaración de bienes hecha por el comandante sandinista Daniel Ortega en el año 2002, que fue dada a conocer recientemente. ¿Cómo es posible que el señor Ortega piense que la ciudadanía va a creer que su fortuna es de unos 150 mil dólares? Dicha suma resulta ridícula si se considera tan sólo el tipo de automóviles que maneja el líder sandinista, así como la mansión en que habita y el tren de vida que lleva junto con su familia.

A partir de eso cabe plantear otros interrogantes referidos al interés general de los nicaragüenses. Por ejemplo: ¿Qué tan confiable es la palabra del candidato presidencial de FSLN, Daniel Ortega, con respecto a cosas más complejas como los detalles del acuerdo político y petrolero con Hugo Chávez, el sistema de gobierno que implantaría en Nicaragua el caso de que llegara a ganar las elecciones presidenciales, o las relaciones políticas y económicas con Estados Unidos de Norteamérica?

Otro ejemplo de falta de integridad en la actuación de los políticos se ve en el antejuicio que el Partido Liberal Constitucionalista (PLC) está haciendo al candidato liberal disidente, Eduardo Montealegre, por medio de sus diputados en la Asamblea Nacional. La Comisión de Probidad y Transparencia de ese poder del Estado montó ayer un show contra Montealegre y según se ha informado hoy martes implicará a Montealegre en supuestas irregularidades en el manejo de los Ceni. Pero ¿quiénes conforman esa comisión? ¿Bajo qué intereses actúan? ¿Son ellos mismos personas confiables y tienen autoridad para juzgar a los demás? ¿Cuánto hay de verdad en todo este informe y cuánto de vendetta politiquera? ¿Es verdad que actúan independientemente o son los caudillos pactistas los que tras bastidores mueven los hilos de sus opiniones descalificadoras? ¿Acaso, sabiendo que dicha comisión está integrada por cinco diputados del PLC y dos del FSLN, no se puede entender que hay una clara intención de deshacerse del candidato disidente, o al menos desacreditarlo? La intención de los diputados es cuestionable precisamente por la utilización que hacen de las instituciones estatales para favorecer los intereses de sus caudillos, de sus partidos y de ellos mismos.

La administración de justicia es también muy ilustrativa de la cultura política de corrupción que predomina en Nicaragua, como lo demuestran los consecutivos escándalos que provocan los fallos judiciales irregulares, lo mismo que hechos como la “pérdida” de los más de 600 mil dólares incautados a sospechosos de narcotráfico.

En conclusión, los ciudadanos que están convocados a escoger al candidato presidencial y a los candidatos a diputados por los que votarán en las elecciones del próximo 5 de noviembre, deben fijarse bien en cuál es el carácter de la persona que desean que sea Presidente de Nicaragua y su representante en la Asamblea Nacional. Cuando el ciudadano deposita su voto se identifica no sólo de manera política sino también moral con el candidato que elige. Por eso es que se dice con toda razón que la gente tiene el Gobierno que merece. Y cabe también en este sentido hacer una paráfrasis del proverbio popular y afirmar: “Dime por quién votas y te diré quién eres”.

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