¡Matateco Dio Mispiales! (¡Hola, que Dios te proteja!)
No le echemos el muerto a El Güegüense. El culpable es Tastuanes, el Gobernador corrupto, explotador, ladrón, violador de los derechos de los ciudadanos, manipulador de las leyes en su beneficio, tal como aparece descrito en nuestra valiente y satírica comedia.
Ya se convirtió en lugar común de nuestra cultura política atribuir al “factor güegüense” todos los dobleces y males de la clase política nicaragüense y aún mas, todas las debilidades que puedan existir en nuestra identidad nacional.
Permítanme disentir. Yo leo en la obra una valiente posición cívica, denuncia y búsqueda de soluciones a los males que vivía el pueblo nicaragüense bajo el Gobierno de los Tastuanes, Gobernadores Coloniales.
La obra ha sido objeto de diversas interpretaciones, desde la pura picaresca, pasando por la resistencia pacífica y cívica hasta ser expresión del teatro subversivo del orden colonial.
En las últimas décadas los nicaragüenses la hemos adoptado como arquetipo de nuestra nacionalidad, y en una perspectiva psicosocial, de las lecturas del argumento básico y común en distintas versiones en español, encuentro sus rasgos como un modelo de referencia para nuestra identidad.
Como sabemos, la obra es una ingeniosa comedia danzante, escrita en el siglo XVII. Su argumento se basa en las desventuras de un viejo comerciante y sus hijos, indígenas y mestizos, que son llevados ante las autoridades coloniales para verificar sus bienes, con la finalidad de “chuparles”, confiscarles lo que puedan y el acuerdo al que finalmente llegan, gracias a la ingeniosa defensa de El Güegüense ante el poder autoritario y explotador.
En ágiles, humorísticos y simbólicos diálogos, plenos de dobles sentidos y con un magistral dominio de los idiomas náhuatl y castellano, forma de hablar de uso corriente en esa etapa, El Güegüense se burla de las autoridades, denuncia su incompetencia y corrupción, negociando finalmente una solución pacífica al conflicto.
Los rasgos que en esta aventura encuentro a El Güegüense son los siguientes:
Emprendedor de recia personalidad, voluntad y audacia: viajaba comerciando desde Nicaragua hasta México, llegando a Veracruz (en la costa del Golfo de México), Verapaz (norte y Caribe de Guatemala), pasando por Conchagua (El Salvador), o sea que hacía largos recorridos viajando en mula, en canoa, a pie, enfrentando los peligros y aventuras de una época en la que no existía ninguno de los modernos medios de comunicación y transporte.
Valentía y coraje cívico: no es un individuo sumiso y doble cara, por el contrario, presenta desde el punto de vista cívico, una protesta y denuncia valiente ante la explotación a que eran sometidos por el poder gobernante los habitantes de nuestros países. Señala cómo los “señores principales” están en la “miseria” a consecuencia de sólo vivir en fiestas y derroches, y para costearse su estilo de vida le exigen a los pobladores entregar ¡hasta la alcancía!
Capacidad de supervivencia y versatilidad: ante épocas difíciles y de explotación, como lo fue para los indígenas y mestizos la dura época de la conquista y de la colonización europea, El Güegüense tiene que desarrollar múltiples habilidades y oficios: “Como este mi muchacho tiene tantos oficios, hasta las uñas las tiene llena de oficios... ha sido escultor, fundidor, repicador, piloto de alturas, de aquellos que se elevan hasta las nubes... es más ha sido carpintero, fabricante de yugo, aunque sea de papayo, fabricante de arados, aunque sean de tecomajoche” (Parlamentos 155-159).
Sanidad mental: demostrada en su capacidad de reírse de sí mismo, de su tragedia, de burlarse de sus explotadores. Por ejemplo, a El Güegüense lo citan a presentarse ante Tastuanes (el Gobernador) y entonces el Alguacil Mayor le ofrece enseñarle los “modales” apropiados para presentarse ante el Gobernador; pero el Alguacil le pide que le pague, le pide un “salario”, El Güegüense finge entenderle “pescado salado”. Le pide “reales de plata” y él entiende “redes de plato”. Le pide “pesos duros” y él entiende “quesos duros”. A esta capacidad de sobrellevar con sanidad mental repetidas situaciones difíciles se le llama hoy “resiliencia”. Es un genial caricaturista verbal.
Difusor de cultura: con sus viajes, El Güegüense además de llevar los productos de una región a otra, lo que estimularía las economías locales, también llevaba las costumbres y artes, tal como lo vemos bailando el Son de Puerto Rico.
Hábil negociador y solucionador pacífico de conflictos: como solución del conflicto negocia finalmente el matrimonio entre su hijo Don Forcico y Doña Suche Malinche, hija del Gobernador, logrando de esta manera conciliar intereses que parecen irreconciliables con una estrategia de ganar-ganar. Una estrategia interracial e intercultural. La estrategia posible para la época.
Entonces El Güegüense se nos aparece como un emprendedor de recia personalidad y voluntad, audaz, valiente, con coraje cívico, habilidoso, artista, humorista ingenioso, mentalmente saludable, negociador y solucionador pacífico de conflictos.
Los doble cara, engañadores, marrulleros, explotadores y corruptos son el Gobernador Tastuanes y todos sus funcionarios.
Ya es tiempo en el siglo XXI de quitar del Gobierno a los Tastuanes. Pensemos bien a quién vamos a elegir.