Son muchos los elementos artístico-urbanos caídos en abandono, en estado de lamentable mantenimiento, franco deterioro y hasta ruinoso estado. Son muchos los daños que les hemos causado por su origen o concepto, por desarrollo urbano o simple pillaje, y mucho es el desdén con que hemos tratado a estos valiosos elementos, a este patrimonio, a… tanto recurso y dinero invertido en ellos.
Presidentes, ediles, gobiernos, iglesias, empresa privada, asociaciones, arquitectos, artistas y grupos graffiti competimos elevando propuesta urbana desde posiciones; oficiales, académicas, ortodoxas, correctas y establecidas, hasta llegar a: irreverentes, populares, espontáneas, informales y vandálicas. Cada nueva administración o gobierno (nacional y edilicio) quiere dejar huella urbana de su gestión olvidando arbitrariamente responsabilidad y obligación de: cuido, mantenimiento y limpieza de las antecedentes sean éstas aliadas o contrarias y, de manera voluntaria e involuntaria desdeñan lo anteriormente actuado. Este ya establecido actuar usado en nuestra nación, daña un derecho humano que desgraciadamente no está signado y/o consignado en ninguna carta magna; nacional, extranjera o internacional: el derecho urbano.
En nuestra historia capitalina hay cuatro hechos relevantes que han marcado severamente nuestro urbanismo y nuestra urbanidad, dos de carácter natural (los terremotos del 31 y 72) y dos de carácter socio-político: el conjunto de batallas, guerra urbana o revolución en 1979, y el muralicidio o articidio ejecutado desde despacho, cerebro y sillón edilicio del año 1990, y aunque es mucho lo que hay que hablar y escribir sobre el tema y somos muchos los que tenemos opinión y aportes; la “carga política-estructural” que los elementos urbano-públicos están soportando, es sumamente pesada y creo no fue considerada, estimada y/o calculada en los avales ingenieriles de rigor.
Desde diciembre de 1972, y a la espera de un plan solucionador del ordenamiento urbano llegamos a 1979 con igual o menor patrimonio artístico urbano, de este año hasta 1990 con poco crecimiento infraestructural en general, la capital se llenó de curiosos y valiosos elementos artístico-urbanos (medianos y menores) dentro de los que destacan: parques y parquecillos, plazas y placecillas, áreas verdes con tratamiento urbano, monumentos y monumentitos y otros elementos… hasta llegar a los populares muritos esquineros con cualidades, calidades, defectos varios y aspiraciones de nomenclatura urbana pero… desgraciadamente recordándonos públicamente: volumen y cantidad de valiosas y fraternales vidas truncadas, sangre derramada por ideales o poder de un solo bando. Desde 1990 hasta nuestros días “se ha elevado la parada del desmoche político nacional” entre cada administración edilicia o gubernamental con estos cada vez más curiosos elementos. Creo fue a partir del atol que probamos a guisa de “atol urbano” (la defectuosa rotonda con fuente desgraciadamente dedicada a Rubén Darío y llamamos “dizque” nuevo centro o corazón de la capital) de parte de un edil, posteriormente transformado en presidente y después en… que ya algunos consideran al atol urbano: la mejor y más estratégica arma a usarse para llegar al poder económico y político de nuestra cada vez más empobrecida nación, la creen: lección, método o proceso y desacertadamente levantan nuevas y cada vez más grandes monumentales obras de pésima calidad, usando en ellas hasta: cartón comprimido, sobre suelos y bases de piedra “poma” (esa que se “suliveya” cuando cae al agua) en sitios donde soplan vientos cercanos a los 80 kilómetros por hora durante unos 6 meses al año. Obras estas que caerán en abandono (si antes no: por gravedad, peso propio o fenómenos naturales), obras que se inician irresponsablemente hasta 15 días antes de desocupar despacho, obras que no serán atendidas correctamente por la administración emergente, pues en la Alcaldía ni hay voluntad y tampoco “riales” (y éstas no son palabras mías) para reparar y mantener con decoro nuestro creciente, desacertado o no: patrimonio cultural urbano.
Aunque sea difícil cuanti-calificar (pues es grave y grande) el daño que esta situación causa consciente y subconscientemente a la población usuaria de la ciudad, la situación actual es sociopatológica y debe considerarse, estudiarse, incorporarse y legislarse a la mayor brevedad. Verdaderas campañas de urbanidad, conciencia urbana y publicidad; vengan de donde vengan, y las pague quien las pague, deben ser sometidas a criterios sociourbanos para su aprobación y con ello obtener resultados favorables en nuestro diario vivir en urbe, urbanismo, urbanidad y derecho urbano.
Es necesario por lo tanto, que se dé uso a tanto elemento urbano (semimonumental) en abandono y deterioro de manera cotidiana y/o sistemática, haciéndoles cumplir función y objetivo de su creación y reconvertirlos en centros de atracción urbana, sitios donde se ejecuten espectáculos gratuitos a disposición del ciudadano, actividades y demás usos bajo la responsabilidad de la dirección edilicia especializada en la materia, en coordinación con la sociedad organizada o no.
Celebro la restitución en mi ciudad de vivos, activos y nuevos murales ejecutados por artistas plásticos en el 2005 sobre “ex blanqueadas” paredes y “blanqueados” cerebros que dieron y ejecutaron las órdenes en la década de los noventa. Celebro noticia de reapertura de anfiteatro Pedro Joaquín Chamorro Cardenal, 17 años tardíos, quisiera celebrar más seguido, más noticias culturales, sobre más elementos urbanos: reabiertos, reutilizados, relimpiados, repintados, remodelados, redescubiertos, rebarridos, restaurados, reciclados, re…
Quisiera también saber acerca de los programas de actividades culturales 2006 en la Concha Acústica, Parque de la Paz, etc., quisiera celebrar reparación y restauración de recién construidos e inaugurados espacios y elementos monumentales urbanos en deterioro y riesgo sísmico-estructural, y hasta quisiera celebrar noticia sobre apertura de juicios administrativos y de responsabilidad civil (si tuvieran cabida) para que la “clase política y técnica” involucrada no siga burlándose y derrochando nuestra sangre, sudor, lágrimas y recursos provenientes de nacionales contribuyentes y la cooperación extranjera.
¡Oh Alá! (ojalá) no tenga que morir por mi Patria o destacar dentro de ella, para que no tengan que levantar un monumento en mi honor y, ¡Oh Alá! mi memoria haya cumplido también función, objetivo y principio en este escrito.