Antes de la Revolución Liberal del 11 de julio de 1893, dirigida por el general José Santos Zelaya, Nicaragua vivía gobernada por una casta de terratenientes que usufructuaba inmensos latifundios generadores de riquezas para mantener el poder económico de la clase dominante, una oligarquía fundamentada en el despotismo de la vieja Europa y las estructuras coloniales de la España decadente.
La clase obrera y campesina era explotada por la oligarquía. Los campesinos vivían igual que en la Rusia de los zares, en un estado de servidumbre inhumano. El pueblo vivía en el más completo oscurantismo, con ansias de salir del estado de postración social en que vivían bajo los gobiernos conservadores. En tan completa oscuridad surgió la luz redentora de la antorcha de la Revolución Liberal enarbolada por José Santos Zelaya, seguido de la pléyade de jóvenes intelectuales, sacando al pueblo de la ignorancia, fundando escuelas hasta en los más remotos lugares en lucha contra el analfabetismo y el atraso cultural.
También priorizó la salud, con hospitales y vacunaciones masivas. Multiplicó las fuentes de trabajo, generadoras de riqueza y progreso. El presidente Zelaya modernizó el Estado, pasando de sociedad feudal, a sociedad moderna, con leyes que aún a más de 100 años están vigentes como los códigos Civil, de Procedimiento Civil, Penal, de Instrucción Criminal, que hasta hace poco fue sustituido por el Código Procesal Penal, Matrimonio Civil, Divorcio, Registro Civil, de la Propiedad y Mercantil, Ley Agraria, Ley sobre Agricultura y Trabajadores, educación laica, libertad de cultos, ley de cementerios laicos, ley de jurados, se organizó la Corte Suprema de Justicia por elección, y se crearon juzgados en la mayoría de los departamentos, se fundaron hospitales, Ley del Tribunal de Cuentas, de la Contaduría General para fiscalizar al Estado, Ley de Jurado en lo civil, Ley Electoral estableciendo el voto universal, directo y secreto, Ley de Defraudaciones Fiscales, Ley Orgánica de Tribunales, que hasta hace poco fue derogada, se pusieron las bases para la incorporación de la mujer en los cargos públicos y la política, Habeas Corpus, o sea Ley de Exhibición Personal, se titularon medio millón de hectáreas para entregar tierras baldías, abolición de cárcel por deudas, y la pena de muerte, libertad de testar, y de las manos muertas, Ley Orgánica de Municipalidades, dándoles autonomía, incorporación de las cofradías a las municipalidades, autonomías de las comunidades indígenas, afirmación de los Derechos Fundamentales del hombre y del ciudadano, igualdad de todos ante la ley, Derecho a la Representación Popular. Libertades individuales y públicas, con énfasis en el campo social, a favor de los pobres. Como consecuencia de las leyes de todo género del régimen liberal hubo una gran transformación social, enmarcada en una política socio-económica con motivaciones socialistas, (recordemos que Zelaya cuando estudió en Francia, se empapó en las doctrinas de Voltaire, Rousseau, Marx, y Engels), pero dentro de la doctrina liberal democrática, pensando en el bienestar del pueblo como nación, pues fue Zelaya quien le dio al pueblo nicaragüense su identidad de nación, engrandeciendo a Nicaragua y haciéndola respetar ante el concierto de las naciones.
Por eso la revolución liberal está vigente, y la figura del general José Santos Zelaya, como Presidente forjador de la nueva Nicaragua, como república y nación, se agiganta, siendo admirado y respetado por su gesta patriótica imperecedera por la juventud de las nuevas generaciones que lo reconocen como apóstol, y reformador de nuestra amada patria.
Similitud, para Víctor Hugo, Napoleón fue amado por su pueblo, porque las monarquías habían tratado a ese mismo pueblo de plebeyo, Napoleón les ofreció el orgullo de ser hijos de un imperio. Así, Zelaya también fue amado por su pueblo, porque con leyes sociales proteccionistas aseguró su porvenir, dándoles el orgullo de ser ciudadanos de una República Soberana.