Hace unos días se publicó en las páginas de un diario nacional una interesante información titulada “El espacio público que roba la inseguridad”, en el que se mostraba la relación directa entre la creciente inseguridad ciudadana y el constante desperfecto de los espacios públicos. Consecuencia y causas fueron analizadas por periodistas y llevadas a la mesa de los cinco candidatos presidenciables (de los cuales cuatro atendieron la solicitud).
Entre las respuestas que aparecen en el texto abundan los rodeos, las divagaciones, las respuestas vacías, la ausencia de estudio y análisis y quizá hasta visión y conciencia del problema. Tan sólo un ligero guiño hacia la mejora en la limpieza y el alumbrado, y el aumento del patrullaje policial. Una vez más, las respuestas sonaron más a excusa que a solución.
Como muchos otros, el problema de la inseguridad ciudadana debe de ser atajado por medio de políticas integrales que signifiquen cambios en los hábitos de vida de los ciudadanos de nuestro país. Dentro del equipo técnico de Metrovía (proyecto de Transporte Público Colectivo del Gobierno de Nicaragua con el apoyo de la Alcaldía de Managua) estamos siendo conscientes de que la mayor parte de los problemas que afectan a nuestros conciudadanos sólo serán solucionados por medio de una mano férrea a la que no le tiemble el pulso y que ante todo ponga sobre la mesa los intereses de la población.
En materia de transporte, tenemos que reconocer las carencias de nuestro sistema de transporte público colectivo capitalino y los efímeros esfuerzos que se hacen para solucionarlo.
Nos volvemos a encontrar con que los que tienen la capacidad para decidir, para resolver los defectos que tiene nuestra sociedad, temen más el costo político y a la hipoteca futura de su carrera política o administrativa, a costa del gran beneficio social. Es decir, en Nicaragua y sus municipios se gobierna con miedo, miedo a hacer las cosas bien.
A los gobiernos, en muchos países del mundo, se les cataloga como buenos o malos atendiendo a la valoración que el ciudadano y la opinión pública tienen de sus obras. En Nicaragua, echando un vistazo a la historia reciente, sólo se les puede catalogar como mediocres (a consecuencia de la falta de coordinación entre los poderes esto nos conlleva ala falta de poder de decisiones), ya que los que salen como buenos en verdad nunca lo fueron y los que salen como malos nunca se dieron cuenta de los errores que cometían con la intención de cambiarlos.
Si el proyecto del cambio del transporte público colectivo que defiende Metrovía para el Departamento de Managua, podrá ser bueno o malo, sólo el tiempo lo dirá, pero nunca podrá ser catalogado como mediocre, ni podrá decirse que su equipo trabajó con miedo al costo político que este proyecto pudiera provocar a sus miembros y/o colaboradores.
Metrovía es un proyecto de transporte en el que todos ganan. Los usuarios, porque por fin podrán disfrutar de un servicio público de primer orden que los transporte como personas, no como ganado. Los gobiernos municipal y nacional, porque dejarán de depender tanto como dependen ahora de las alzas del combustible. Los transportistas, porque se convertirán en empresarios de pro, con todas las ventajas que esto supone en un país como Nicaragua. Y los ciudadanos en general, porque comenzarán a disfrutar de una ciudad más ordenada, más limpia, más habitable, con ciclovías, aceras y pasos elevados construidos exclusivamente para disfrute del ciudadano.
Tras analizar y escribir todo esto me pregunto: ¿Todavía alguien puede pensar en el costo político ante un proyecto tan beneficioso como Metrovía?