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VIH-Sida y salud pública
Guillermo Rothschuh Villanueva
El autor es decano de la Facultad de Ciencias de Comunicación Social, UCA

Hay temas que por su propia naturaleza deben imponerse en la agenda nacional. El VIH-Sida, pese a su significación y trascendencia todavía no alcanza, entre muchos sectores de la sociedad nicaragüense, el nivel de atención que reclama esta pandemia. Si aceptamos como válida la tesis de Daniel Yankelovich, de que un tema accede a la agenda pública hasta que impacta a la sociedad, en Nicaragua este fenómeno todavía no se ha manifestado con esta magnitud. Esto no quiere decir que no requiere de la máxima atención de la sociedad nicaragüense.

Con el VIH-Sida ocurre que ciertos sectores lo perciben lejano, pese a que las cifras en el mundo siguen creciendo. En Nicaragua el primer caso se registró en 1987, la tasa de incidencia muestra un ascenso rápido a partir de 1998. Hasta junio del 2004 habían registrados 1,402 casos con una clara tendencia hacia su incremento y feminización. Las tasas más elevadas se presentan en Chinandega 49.54 por ciento, Managua 42.43 por ciento y Atlántico Sur 33.05 por ciento. Debido al estigma y discriminación no cabe la menor duda que los datos son más altos aún. Las cifras no revelan el horror del drama.

Urge que el tema del VIH-Sida pase a formar parte de la agenda de los medios con la misma naturalidad con que se abordan otros temas ligados con la salud pública. Para alcanzar este objetivo se ha planteado el Postgrado Comunicación y Salud con Énfasis en VIH-Sida, abierto a la participación de los comunicadores nacionales, médicos, especialistas en salud, enfermeras, sicólogos e investigadores sociales.

Se trata de un esfuerzo pionero que marca un rumbo cierto. Los medios son hoy en día la principal agencia socializadora y los dispositivos culturales de mayor influencia con que cuenta nuestra sociedad. Al hacerse cargo del tema y haciéndolo desde ahora se tiene la ventaja de estar actuando de manera preventiva, que es como debe trabajarse en el campo de salud. Una valiosa inversión cuyos resultados deben de traducirse de manera positiva a lo inmediato. En la medida en que los nicaragüenses tomen conciencia de las implicaciones y alcances de esta pandemia estaremos en una mejor posición para evitar los estragos irreversibles que ocasiona.

Es todo un acierto vincular el tema del VIH-Sida con el de la comunicación. En la medida en que los medios abran sus páginas a este tema estarán haciendo una valiosa contribución a la salud pública nacional. Para esto se requiere de los conocimientos precisos pero sobre todo superar el ámbito de los prejuicios sexuales, un mundo en el que las incomprensiones, las represiones y las aprehensiones son dominantes. El tema sexual sigue siendo un tabú en nuestras sociedades. Conviene discutirlo. Sobre todo en Nicaragua en donde la actividad sexual comienza, según diversas investigaciones, a temprana edad. La decisión del Ministerio de Educación, Salud y Deportes, de introducir la educación sexual es un paso adelante. Lo importante ahora es cómo va a ser abordada, pero más aún la preparación y el dominio que requieren los profesores sobre este desafío de nuestra época.

Estructurar un programa de postgrado como el que imparte la Facultad de Ciencias de la Comunicación bajo los auspicios de Onusida y Save the Children Noruega sienta un precedente dentro del campo educativo nacional. Los medios son hoy en día las palancas propulsoras más importantes para desprejuiciar el tema, para que la gente lo conozca y se apropie del mismo, y brinden una formación que elimine las barreras de los prejuicios. Como lo explica Emilio Álvarez Montalván, en Nicaragua cinco patologías han sufrido tabú (lepra, tuberculosis, cáncer, enfermedades mentales), siendo el VIH-Sida el único que no ha superado en nuestro país este secuestro o los muros de la inequidad.Con este post- grado y la acción decidida que realizan diversos ONG, esperamos romper las murallas de los prejuicios y prevenir sus riesgos. A los comunicadores les corresponde plantear, informar, educar y debatir el tema con la intención de que forme parte de la agenda de los medios y sustraerlo del entorno sin discriminaciones y con conocimiento de causa.

Como expresa Fernando Savater, los años sesenta fueron considerados como los de mayor libertad en las costumbres. Creíamos que habíamos dado paso a una era más desinhibida. Sin embargo, a mediados de los ochenta apareció el VIH-Sida. Primero se centró en el homosexualismo y hoy alcanza a las personas que no toman precauciones a la hora de tener relaciones sexuales. Con sorna, concluye, que el noventa por ciento de las restricciones sensatas relacionadas con el sexo, son mucho más deudoras de la higiene que de la moral, que en realidad se ocupa poco de la cintura para abajo. El paso dado es novedoso y de alcances incalculables. Su éxito dependerá en gran parte de la decisión de los graduados por incidir en los medios. El VIH-Sida tiene que ser abordado de una manera natural, desprejuiciada y cotidiana. Llegó la hora de sacarlo del secuestro supersticioso en que lo han encapsulado ciertas personas.

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