Hace poco el National Geographic Channel presentó un programa titulado: El Evangelio Prohibido de Judas, el cual relata la historia de unos pergaminos encontrados en Egipto en 1978 y que recientemente acaban de ser restaurados y traducidos; dichos documentos supuestamente versan sobre un encuentro entre Jesús y Judas, hasta ahora desconocido, que habría ocurrido unos días antes de su muerte. El programa citado plantea la inquietud si el contenido de ese nuevo “evangelio” podría sacudir los cimientos de la fe de millones de cristianos alrededor del mundo. Para comprender el verdadero alcance y significado de este descubrimiento debemos tomar en cuenta algunas consideraciones históricas y religiosas.
La Biblia contiene cuatro evangelios: Mateo, Marcos, Lucas y Juan. A éstos se les denomina Evangelios Canónicos. No obstante, en los inicios del cristianismo circulaban más de treinta. Estos relatos sobre la vida de Jesús se transmitían de forma oral entre los seguidores de la nueva fe. A medida que la Iglesia va tomando forma surge la necesidad de uniformar los textos que las diferentes comunidades cristianas utilizaban, ya que cada grupo disponía de su propia versión de la Biblia. El proceso de selección fue complejo y duró muchos años. Como resultado se determinó que el Nuevo Testamento estaría conformado por los cuatro evangelios que hoy día conocemos. Los restantes relatos pasaron a ser conocidos como los “evangelios o libros apócrifos”.
La palabra “apócrifo” significa oculto. Mucho se ha escrito acerca de estas obras misteriosas. En ocasiones se les identifica erróneamente como malignos o relacionados con sectas peligrosas. Los primeros teólogos de la Iglesia, como San Irineo de Lyon, descartaron de la Biblia algunos libros por ser éstos demasiados complejos para los fieles o porque presentaban contradicciones con los principios de la Iglesia. Asimismo, se cree que los Evangelios Canónicos fueron escritos entre el año sesenta y el 100 después de la muerte de Jesús. Los libros apócrifos según los expertos fueron escritos alrededor del siglo III o IV de nuestra era, es decir mucho tiempo después.
A la categoría de evangelios o libros apócrifos pertenecen los pergaminos de Nag Hammandi (Egipto), encontrados en 1945 y que contienen los denominados evangelios de Tomás y de Felipe; de igual forma son apócrifos el Proto Evangelio de Santiago, el Libro de la Natividad de María, el Evangelio de Pedro, el de María Magdalena y las Historias de José el Carpintero, entre otros. Pese a que estos relatos no forman parte de la Biblia, algunos libros apócrifos tampoco no son rechazados por completo, ya que han proporcionado información omitida en los Evangelios Canónicos sobre algunos personajes bíblicos. Por el Evangelio Apócrifo de Santiago conocemos que los padres de la Virgen María eran Joaquín y Ana.
En el llamado “Evangelio de Judas” lo que se expone es una supuesta conversación sostenida entre Jesús y Judas, en la que aparentemente Jesús le encomienda la misión de entregarlo a las autoridades para cumplir con su destino. Judas es presentado no como el discípulo que traiciona a nuestro Señor por unas monedas de plata, sino como un personaje benévolo del cual el mismo Jesús se refiere como el único que ha entendido su mensaje. “Tu superarás a todos ellos (los Discípulos), tu sacrificarás al hombre que me recubre”, habría dicho Jesús a Judas según el polémico documento.
El pergamino ya fue autenticado por expertos, quienes aseguran que data aproximadamente del siglo III de nuestra era. La Iglesia suele tomarse su tiempo antes de pronunciarse sobre temas tan delicados como éste. A veces siglos enteros. Por el momento es muy difícil que este relato goce de la misma categoría que los Evangelios Canónicos. Al menos no a corto plazo. ¿Están en riesgo los fundamentos de la Iglesia por este descubrimiento? Personalmente considero que no; este relato simplemente pasará a engrosar la lista de los textos apócrifos. En cuanto a la reputación de Judas no es nada fácil cambiar dos mil años de tradición. ¿Seguirá siendo Judas considerado la traición personificada, o se convertirá en el Discípulo al que Jesús encomendó la misión más difícil? No nos queda más que esperar que la historia, la ciencia y la religión disipen el polvo que ha levantado el descubrimiento del llamado Evangelio de Judas.