Una imagen difícil de olvidar. Leonel Teller y el doctor Sergio García Quintero, con un legajo de documentos bajo el brazo peregrinando de institución en institución, de medio de comunicación en medio de comunicación, empeñados en demostrar el saqueo que había cometido el ex presidente Arnoldo Alemán en el Estado. Ni García Quintero ni Teller se medían mucho a la hora de acusar. Y Teller dijo, por ejemplo, el 27 de abril del 2003: “Existe una cantidad de pruebas que demuestran que Arnoldo Alemán, un palmado que vendía huevos y carbón en 1990, se enriqueció a la sombra del poder”. Eran los tiempos en que le llamaba “aprendiz de dictador” y decía que su mayor sueño era ver a Alemán en la cárcel.
Ahora, todo ha cambiado. Teller es el vocero del partido político que controla Alemán y ya ni siquiera considera que éste haya sido un corrupto. “He cambiado mi percepción sobre Arnoldo”, dice.
Como vocero, Leonel Teller, un hombre de 45 años, mediana estatura y piel blanca que se vuelve rojiza por el bochorno de estos calores de abril, atiende a una periodista de televisión que lo increpa sobre si ya tiene el visto bueno del doctor Arnoldo Alemán para aspirar a la candidatura a vicepresidente en la fórmula del Partido Liberal Constitucionalista (PLC). Teller se enoja, alza la voz, se pone aun más rojo y arremete contra la televisora a la que pertenece la jovencita que le entrevista. Apagada la cámara, la periodista le reclama: “Pero no se enoje”. Y Teller le dice, ya en tono dulzón: “Entendeme, amor, yo tengo que traer Hollywood a Managua. Todo esto es teatro”.
La gente se queda sorprendida de su cambio. Después que usted trataba de demostrar el saqueo que había cometido Arnoldo Alemán, ahora trabaja a su lado. ¿Qué pasó para que Leonel Teller diera ese giro de 180 grados?
Tu punto es válido. Fue una lucha con la que se identificaron muchísimas personas en este país. En primer lugar, el hecho que yo considere, como ciudadano y como legislador liberal, que hay errores graves en el ejercicio del poder, no significa que yo estoy en lo correcto. Sigo creyendo que se cometieron errores en el ejercicio del poder que no se debieron haber cometido...
Errores… ¿delitos o crímenes?
Errores. Yo quiero dejarlo hasta la palabra errores.
Antes no decía eso.
Es lógico. Pero yo no puedo vivir del pasado y estancarme en el pasado. Considero que se cometieron errores pero como no hay una dictadura de Daniel Ortega hoy, eso a mí no me detenía de expresar mi descontento con lo que a mi criterio no debía estar pasando. Mi ideal era que aquí tenía que haber liberalismo por lo menos para cien años. Y los errores nos podían llevar a la situación que llevó al doctor Alemán a la cárcel, a la situación que llevó al partido mayoritario, después del PLN y del PLC, a una situación de crisis institucional.
A ver si le entiendo: ¿usted sigue considerando que esos son errores o delitos reales pero que en función de que no gane Daniel Ortega hay que hacerse de la vista gorda?
No, no...
¿O usted se equivocó?
No, yo no me he equivocado. Ni voy a decir que he acertado porque la historia es la que me va a juzgar.
¿Usted sigue pensando que Arnoldo Alemán es un corrupto?
No. He cambiado mi percepción sobre Arnoldo.
¿Y las pruebas que usted andaba bajo el brazo?
Entiendo lo que me estás preguntando. He llegado en este proceso de maduración política y de maduración como persona a entender lo que es el juego de los intereses estratégicos hemisféricos. Y de lo que los países y conjunto de naciones hacen para mantener la hegemonía de intereses estratégicos hemisféricos. Me ha obligado el pragmatismo político y como ciudadano con un hijo de 21 meses y con una hija de cinco años, a darme cuenta que el mundo no es ni rosa ni romántico.
¿Fue inmadurez entonces?
Como las frutas pasan de celeques a maduras, hubo un poco de juventud, un poco de romanticismo, un poco de idealismo pero también hubo un poco de realidad. Yo soy un político honesto… Me dio coraje que se cometieran algunos errores en el ejercicio del poder. No me gustó. Creo que Arnoldo Alemán debió haberse sacudido de muchos oportunistas, deshonestos, que no son liberales, que se le arrimaron y que él, porque es un hombre de amigos, cometió el grave error de darle lugar y espacio a personas…
¿Esas siguen alrededor del doctor Alemán?
En este momento no estoy listo para comentar si todavía hay. Eso es una situación que no voy a comentar públicamente. He tomado la decisión de tratar internamente los temas donde yo tengo diferencias con la cúpula del PLC.
Políticamente a usted se le ve como un camaleón. ¿Usted se identifica con ese calificativo del argot político nicaragüense?
Está bien. Yo respeto… Incluso, respeto cuando me mientan a mi madre, porque me la mientan. A mí no me importa eso. ¿Sabés qué es más importante? Que yo, que aún llevo un dolor profundo porque no pude venir a enterrar a mi padre (en la década de los ochenta), es algo que jamás le voy a perdonar al Frente Sandinista y yo voy a hacer lo que tenga que hacer para que mis hijos tengan empleo en Nicaragua, para que puedan vivir en Nicaragua y el día que yo muera mis hijos me puedan enterrar en Nicaragua. Independientemente de si Arnoldo Alemán hizo bien o hizo mal, el candidato es otro, el partido es una institución colegiada…
Arnoldo Alemán tiene una influencia innegable en el PLC…
Yo respeto tu opinión pero no la comparto. Hay influencia pero también hay un cuerpo colegiado y no necesariamente toma posición en función de Arnoldo Alemán.
¿Cómo podría el doctor Alemán o el doctor José Rizo confiar en usted con esos virajes tan violentos?
Te voy a narrar una conversación que tuve con el doctor Alemán cuando estaba en el Hospital Militar. Yo le dije a Arnoldo: hay otros que te besaron el trasero, que fueron zalameros, que te pidieron exoneraciones de impuestos, que te pidieron favores, que les pagaste colegios, universidades, que les ayudaste a conseguir becas y al día siguiente te metieron la daga en al espalda. Es fácil besarle el trasero a un Presidente de la República, pero cuando una persona está en desgracia es cuando los amigos y los aliados políticos se te acercan a decirte “aquí estoy”.
Después que yo lo visité nos abrazamos. Me dijo: “Leonel, fuiste duro, fuiste casi inquisidor conmigo. Muy duro”. Platicamos y al rato me dijo: ¿Sabés por qué te respeto? Porque hubo muchos que comieron de mi mano, que fueron zalameros y serviles y les di todo lo que me pidieron y al día siguiente me metieron la daga. Vos fuiste frontal y me dijiste lo que tu corazón sentía y hoy venís con tu corazón a decirme vamos a levantar la bandera liberal.
¿Usted le pidió perdón?
No. Esto no es de perdón. Es más, te voy a decir algo. Estuve en Semana Santa en dos oportunidades conversando con el doctor Alemán por varias horas, una de las personas que estaba ahí dijo: “Pedile disculpas a Arnoldo”. Y Arnoldo dijo: “Un momento, no permito que Leonel me dé a mí ni disculpas privadas ni disculpas públicas. La posición de Leonel fue una posición política de un hombre de principios y por eso lo respeto”.
¿En el PLC ha sido recibido con recelo o ha encontrado aceptación?
En el PLC, antes de entender mi posición que hoy comparto contigo, había mucho resquemor y temor. En su momento, obviamente hubo un rechazo bastante grande. Sin embargo, es interesante porque cuando yo llegué como aliado al PLC fue previo a las elecciones municipales. Tanto la cúpula del PLC como la misma base del PLC han reconocido que la Gran Unión Liberal hizo un trabajo de organización. El hecho que no somos políticos de escritorio sino que somos políticos de mercado, de barrio, de comarcas y que caminamos casa por casa, la gente empezó a ver que Leonel Teller no es lo que aparenta ser en los medios (de comunicación), sino que es un nicaragüense más que en su momento tuvo su descontento con los errores que se cometieron en el ejercicio del poder. Alguno de estos errores los compartíamos gente de las bases del PLC. Al final, el resumen de todo este camino que hemos recorrido es que en buena hora estamos buscando la reunificación, que en buena hora ha habido apertura en el PLC, que en buena hora se han hecho alianzas nuevas y que ojalá sigamos en esta misma dirección de apertura.
Cuando usted revisa las declaraciones que dio en aquel momento contra el doctor Alemán, que son bien duras, ¿no le da pena?
No.
¿No se sonroja?
No. La democracia es más importante que cualquier cosa.
Y con el doctor Sergio García Quintero ¿cómo se lleva?
Es mi amigo, lo respeto, tengo una gran admiración. Sergio García Quintero entiende perfectamente bien por qué estoy haciendo esto.
Para terminar, una curiosidad personal: ¿Qué hizo con aquel legajo de pruebas que caminaba bajo el brazo para acusar al doctor Alemán?
Lo tengo en mi casa todavía. Es historia de este país.
¿Va a insistir con él en algún momento?
No. Es historia.