En Nicaragua continuamos con nuestra especialidad de repartos de poder, de un liliputiense poder y demuestra que estamos lejos de entender lo que son sistemas de convivencia que generan el desarrollo necesario para el bienestar de la población.
Si entendemos la naturaleza humana podemos llegar a determinar que el objetivo de vida universal del ser humano está dado en que venimos a trabajar para hacer un patrimonio de acuerdo a nuestra aspiración personal, buena estrella y vivir feliz. Este objetivo no se logra con repartos de poder.
Lo lejos que estamos de entender los beneficios del entendimiento, quizás, le percibamos imaginándonos lo siguiente: Al conducir un vehículo, aunque sea con chofer, cada padre o madre se debería preguntar lo siguiente: ¿podría yo hacer la bomba de combustible, la aguja del velocímetro, la balinera en que rotan las llantas, el radio con que me distraigo o el tapón de la válvula de las llantas, etc.? Al operar un computador o celular se podrían preguntar ¿podría hacer yo la memoria que almacena los documentos escritos o números telefónicos, la serigrafía de la marca, las perillas para darle instrucciones al artefacto o el manual instructivo para operarlo, etc.?
Sin temor a equivocarme, creería que ningún nicaragüense puede hacer alguna pieza de dichos aparatos, cual, terminantemente muestra nuestro rezago tecnológico, imaginación que obligatoriamente nos lleva a enfrentarnos a nuestra triste realidad y por ende a preguntarnos individualmente, ¿qué puedo hacer yo?
Estar conscientes de nuestro subdesarrollo ineludiblemente nos lleva a concluir que urgentemente necesitamos capacitarnos con estudios, iniciativas de investigación y desarrollo, lectura y buenos ejemplos para que con conocimiento, esmero y tenacidad seamos capaces de crear riqueza para lograr el objetivo de vida individual, la riqueza de un país es la sumatoria de las riquezas individuales de los miembros que la conforman.
Situación que es la inversa de la costumbre de la mayoría de los servidores públicos de alto nivel que llegan a continuar con las centenarias trifulcas de repartos de poder, comprarse un vehículo de lujo, que le conduzca un chofer con un guante naranja en la visera y luz azul en el techo, todo para alimentar el ego personal, cual es mampara que detiene la imaginación de darse cuenta que lo que se está administrando es una situación de miseria caótica.
Mientras tanto se levantan muros para detener nuestras exportaciones de aspiraciones humanas que no se logran en nuestra tierra y nos volvemos ciegos ante la creciente participación de la juventud en lo que hoy conocemos como maras, realidades que son el mero resultado de nuestra falta de visión de desarrollo y convivencia.
Es imperativo desarrollar una estrategia de país partiendo de nuestras limitaciones, creada por las mismas obsesiones de repartición de poder del pasado y entender que el mandato que el pueblo da a los gobernantes es para que arrimen el hombro para lograr la prosperidad colectiva y no la individual como ha sucedido.
Lo que nos lleva a pensar y a la inversa del reparto de poder, esta de lo que poco conocemos, la simple intuición de la convivencia humana y la propia función del servidor público. En noviembre, hay que votar por el que tenga la mejor visión y no por el que ofrezca más.