Fue en los años setenta cuando Enrique Martínez peleaba bajo el grito de “¡Dale Polvorita!”, un apodo que ganó entre la fanaticada y que años después heredó su hermano mayor, Guillermo, un avezado adiestrador en el ring por cuyas manos han pasado boxeadores como Rosendo “El Búfalo” Álvarez o Ricardo “El Matador” Mayorga
En el gimnasio del Instituto Nicaragüense de Juventud y Deportes un pequeño entrenador, de 57 años, saca de lo más hondo de sí un grito que me sabe a cubano. Santos “El Toro” Benavides abre la guardia y se oye: “Dale hombre que ahí le gusta al ‘Toro’, pégale fuerte allí”.
Unas 15 personas no se dan por enteradas. En el gimnasio hay boxeadores con todo tipo de tareas, impuestas por Guillermo “Polvorita” Martínez, el gritón de la sala. Hay cuatro muchachos de callejón, y un chico refinado, que golpean las cuatro peras locas en la entrada de la arena y una mujer hace abdominales con tanto entusiasmo que duele el estómago con sólo verla.
Otra chica fintea con un ayudante del entrenador que tiene puntualidad de alemán, porque cada diez minutos silba para que los boxeadores pasen a otro ejercicio, toda una galería que concluye con el mazo, que los aprendices toman para pegarle a enormes llantas sujetas con maña en un poste “para fortalecer los antebrazos”, explica “Polvorita”.
La pelea en el ring continúa. El gimnasio huele a sudor, sangre, golpes, pero también a la historia del entrenador que durante 25 años ha trabajado con la selección nacional de boxeo amateur, pero que no ha podido dar un campeón mundial aunque por sus manos hayan pasado boxeadores como Rosendo Álvarez o Ricardo Mayorga en la etapa aficionada.
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