Desde hace siete años en Nicaragua funciona un grupo religioso que se denomina Iglesia Comunidad Metropolitana, pero se le conoce como “iglesia gay” por la orientación sexual de la mayoría de sus miembros. Promueven la unión entre personas del mismo sexo a pesar del pasaje bíblico que sentencia: “No te echarás con varón como con mujer porque constituye abominación...”
Paredes decoradas con imágenes del Ché Guevara, Monseñor Romero, Sandino... Cuadros primitivistas de santos y paisajes. Un crucifijo judío en la pared, otro menor sobre la mesa redonda al centro del mini salón. En una esquina la bandera arco iris, símbolo universal del orgullo gay. Así luce la capilla ecuménica de la ONG Casa Ave María, donde cada domingo a las tres de la tarde los miembros de la Iglesia Comunidad Metropolitana de Nicaragua se reúnen para su oficio dominical.
Durante una hora y media, revestido con el alba, el pastor dirige el oficio. Voces roncas a capella entonan un himno y agradecen a Dios por un encuentro más. El pastor lee una cita bíblica, hace una reflexión estilo sermón y luego pide a los feligreses que den su testimonio. “Es importante que compartamos como se manifiesta Dios en nuestras vidas”. Silencio sepulcral en la capilla, parece que aún estando entre ellos sienten temor de hablar... Una voz grave rompe el silencio. “Agradezco a Dios por haber puesto una buena persona en mi camino”, dice un hombre de treinta y pocos años que aprieta entre sus manos la mano del compañero. Los feligreses cabizbajos escuchan atentamente y rehúyen la mirada del pastor. “Han mejorado las cosas en mi casa, parece que me están aceptando como soy”, dice un adolescente de 17 años.
Todos los domingos hay eucaristía y a veces como en la iglesia primitiva, hacen una cena comunitaria en la que comen de todo. “Es importante recordar siempre el momento en que Jesús se entregó por nosotros y nos redimió de nuestros pecados”, dice el pastor.
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