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Reflexiones sobre la Semana Santa
Jorge Prado
El autor es miembro de la asociación de ex alumnos del colegio Salesiano de Masaya

Iniciamos nuevamente el tiempo privilegiado de la Semana Santa o Semana Mayor, momento propicio para reflexionar un poco sobre nuestro actuar y testimonio de vida cristiana. En primer lugar la Semana Santa no es un círculo vicioso de todos los años que la Iglesia propone a sus fieles para comentar los últimos días de Jesús en la Tierra, en realidad Semana Santa tiene un sentido más profundo de reconciliación con Dios Padre a través de su Hijo Jesucristo, es el momento propicio que los católicos encontramos para renovar nuestra unión con Jesús y a través de Él con toda la Iglesia.

Imaginemos que la fe es como un dispositivo que necesita renovarse cada cierto momento, en ese sentido los días santos vienen a renovar nuestra disposición y convicción hacia lo que creemos y en quien tenemos puesta nuestra esperanza. No se trata solamente de recordar un hecho que marcó la pauta para el mundo entero, ni de sentimentalismo o puro folclor; lejos de eso el triduo pascual debe llevar a cada cristiano a tomar conciencia cada día más de nuestra realidad y compromiso como hijos e hijas de Dios, un Dios que es infinitamente bueno, infinitamente misericordioso y que siempre está dispuesto a perdonarnos, siempre y cuando exista un arrepentimiento sincero y la firme voluntad de no volver a pecar o al menos de pecar menos, ésta es la tara de todos los días. La renovación de la fe en este sentido debe llevarnos a una conversión profunda de nuestro antiguo hombre para ser cada día mejores imitadores y discípulos de Jesucristo. Esto lo haremos no sólo recordando, sino sobre todo vivenciando los misterios que próximamente celebraremos. La asidua participación en los sacramentos aumentará en nosotros el deseo de servir a los demás a ejemplo de las primeras comunidades cristianas.

Gracias a Dios en Nicaragua, a diferencia de otros países, todavía se conservan las tradiciones religiosas que vienen a fortalecer este ambiente de fervor y piedad, pero como buenos cristianos debemos trascender esas tradiciones para llegar a la plenitud del encuentro con Cristo resucitado, esto significa que no podemos quedarnos con la procesión, la Judea o las comidas propias de este tiempo, ni tampoco preferir una película bíblica a una Eucaristía sobre todo durante el triduo pascual, porque el centro de estos días santos (al igual que la Navidad) es Jesucristo, Él es el protagonista central, el personaje que debe acapararnos la atención en los próximos venideros.

Por último, pienso que cada nicaragüense debe aprovechar esta oportunidad que nos regala la Iglesia para reflexionar sobre nuestra identidad como cristianos y ciudadanos y asumir nuestro compromiso con valentía en la construcción de una sociedad más justa, más fraterna y encaminada hacia la paz. La celebración de la Semana Santa debe renovarnos no solamente en el ámbito de la fe, sino también en nuestro diario vivir, pues la religión no es únicamente para el templo, sino lo es sobre todo para la vida cotidiana.

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