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09.04.06
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Noticias >> Enfoque
una señora oculta su rostro luego de votar en los comicios regionales del Atlántico, en Bluefields. ¿Se enmascaran los votantes? Es el gran enigma para las encuestadoras. (la prensa/m. garcía)
Las encuestas bajo escrutinio
Un foro de la Fundación Konrad Adenauer, esta semana, fue el escenario en el que afloró de nuevo la preocupación acerca de la fiabilidad de los sondeos de opinión. Un especialista mexicano, Jorge Diez, plantea que para confiar en ellas la clave está en conocer su metodología y saber quién las paga
Eduardo Marenco
politica@laprensa.com.ni
El tiempo pesa

“El chiste es captar la fotografía del momento”, señala Jorge Diez Zamora.

Se refiere a un aspecto toral de las encuestas: la duración del levantamiento de la información.

En el caso de México procuran publicar encuestas que a lo sumo sean realizadas durante tres días y se ven con sospechas las que se levantan a lo largo de cinco días, por considerarse un lapso en el que podría variar la opinión pública.

“En México, siendo un país grande, levantamos la encuesta en tres días”, reiteró Diez.

Hay eventos, además, que pueden tener un efecto directo en el estado de la opinión pública.

Es el caso, por ejemplo, de los atentados terroristas en el metro de Madrid durante los últimos comicios presidenciales de España.

La lucha era cerrada, pero cuando el público se enteró de que la responsabilidad del atentado correspondía a grupos islámicos extremistas y no a ETA, le pasó la cuenta al gobierno de José María Aznar y eligió presidente al socialista José Luis Zapatero.

En el actual contexto electoral nicaragüense, está por verse el impacto en la opinión pública de la selección del candidato presidencial del Partido Liberal Constitucionalista (PLC), organización que ha ganado los dos últimos comicios presidenciales a lo largo de diez años.

Diez Zamora expuso distintos aspectos que deben ser conocidos sobre una encuesta, a parte del lapso en que se levantó la información.

Hay que conocer el tipo de muestreo, su esquema de aplicación, la ficha de campo y supervisión del levantamiento de la información, la cobertura geográfica del estudio, el nivel de confianza y el margen de error y la empresa que efectuó el estudio, acotó Diez.

Asimismo, vale la pena enterarse sobre el partido, la empresa o tipo de publicación que auspició el estudio.

Además, hay que tener en cuenta los factores que inciden generalmente en la selección de la muestra: el factor tiempo, las distancias, la capacidad técnica y la experiencia de la firma encuestadora.

La elaboración del cuestionario también es fundamental, así como la forma en que se formulan las preguntas.

Diez enfatizó en que es preciso tener claro con qué objetivo se efectuó la encuesta. ¿Para conocer la intención de voto? ¿Para definir estrategias de una fuerza política? ¿Para persuadir a los votantes indecisos? Todos esos objetivos son posibles, advirtió Diez.

“Hay que ser científico en este asunto”, instó Diez, miembro de una de las veinte firmas encuestadoras que contrató con Vicente Fox en la última campaña presidencial de México.

Límites en México

Quince días antes del día de la elección ya no se pueden publicar encuestas en México, señaló Jorge Diez Zamora, mercadólogo de ese país.

La idea es que “se quite la posibilidad de que pudiera llegarse a influenciar” a los votantes en los últimos quince días, debido a que hay un porcentaje muy alto de personas que toman la decisión en el último momento.

Diez reconoce que hay candidatos que dentro de su estrategia utilizan encuestas para persuadir a los votantes indecisos que él es el caballo ganador.

El organismo regulador de las firmas encuestadoras también les exige que den a conocer con claridad a todo el público, quién patrocina las encuestas.

Asimismo, se lleva un registro de las mismas para que no surjan encuestadoras de un día para otro con cifras que no son verdaderas.

La ley les obliga a presentar de la manera más clara posible, la metodología con que se efectuó la encuesta.

También se procura que las firmas encuestadoras garanticen supervisión durante el levantamiento de la información.

La ley les obliga también a advertir al público que los resultados de una encuesta no necesariamente garantizan que el día de la elección, ése será el comportamiento de los electores.

Ottón Solís estuvo a punto de ser Presidente de Costa Rica. No lo es por una diferencia de un poco más de 18 mil votos. Las encuestas presentaban a Oscar Arias por encima de Solís con una diferencia de once puntos aproximadamente, lejos de lo que finalmente ocurrió. Las razones han apuntado al voto oculto, originado en que un sector de la ciudadanía decidió su voto hasta el último momento.

Fue el sismo que más ha estremecido a las encuestadoras en tiempos recientes.

Hace 16 años, sin embargo, la mayoría de las encuestadoras se equivocaron al dar a Daniel Ortega el triunfo sobre doña Violeta Barrios de Chamorro.

Es algo que aún es materia de estudio para las firmas encuestadoras de América Latina, dice Jorge Diez Zamora, un mercadólogo invitado a Managua por la Fundación Konrad Adenauer, a impartir una conferencia sobre los sondeos de opinión pública.

el fantasma

En Nicaragua, el fracaso de la mayoría de encuestadoras en las elecciones de 1990 dio pie al resurgimiento de la leyenda del Güegüense debido a que los votantes se enmascararon para ocultar su verdadera intención de voto.

En los círculos de las firmas encuestadoras mexicanas el caso es conocido como el “Efecto Nicaragua”. “El caso de Nicaragua ha generado toda una reflexión. Fue un voto oculto. En México sucede, existe y nosotros tenemos algunas metodologías para tratar de escudriñarlo”, afirma Diez Zamora.

Las fallas que se han producido en América Latina, agrega Diez, posiblemente han sido provocadas por cierta politización de las firmas encuestadoras que “se prestan a manipular”.

Existe siempre el riesgo, reconoce Diez, de que la encuesta se utilice como instrumento de persuasión en lugar de ser un instrumento de investigación social.

no pedir un pronóstico a la foto

Marcos Valle, un consultor en mercado que participó en el foro de Konrad Adenauer, piensa que parte del problema radica en lo que el público espera de una encuesta.

“La encuesta es una fotografía que te describe una situación en un momento determinado”, opina Valle.

“No es recomendable, ni saludable, tomar la encuesta y con base en ella, pronosticar; porque la encuesta no es un pronóstico sino la descripción de un momento determinado”, añadió.

En cambio, afirmó Valle, “si usted tiene a lo largo de varios meses un grupo de encuestas, usted puede tener una tendencia; pero cuidado, esto requiere de varias condiciones”.

“El cuestionario tiene que ser el mismo que se aplicó en los diferentes meses, las mismas preguntas, el mismo margen de error, porque las firmas encuestadoras aquí mismo en Nicaragua, unas veces usan un cuestionario y en otras ocasiones usan otro”, señaló Valle.

Por tanto, resaltó Valle, a veces se trata de encuestas que “no son comparables” debido a que se utilizó metodología con distintas variantes.

Valle considera que hay cierta prevención de la ciudadanía alrededor de las encuestas. Es de esperar que los actores políticos magnifiquen las encuestas cuando les favorecen y las minimicen cuando no están a su favor, continúa Valle.

“Lo importante, sin embargo, es no perder de vista que la encuesta lo que debe ser es un instrumento de trabajo para los analistas”, apunta Valle.

A su juicio, “lo que hay que hacer con las encuestadoras es que cuando presenten las encuestas, le muestren al público toda la ficha técnica, incluyendo una información que no se da en Nicaragua, normalmente, que es lo que se llama la Tasa de No Respuesta”.

La Tasa de No Respuesta es la que indica en cuántas casas a las que las encuestadoras llegaron a tocar no respondieron o estaban vacías.

“Que las empresas encuestadoras nos digan al público toda la metodología que utilizaron y simultáneamente, nosotros el público, no pedirle a las encuestas más de lo que pueden dar”, instó Valle.

transparencia

Diez Zamora coincide plenamente con Valle: es necesario presentar con mayor énfasis y claridad la forma en que fue realizada una encuesta, principal garantía de que la información que se presenta es fiable.

Diez Zamora reconoce que “las encuestas sí se equivocan, no son infalibles, hay que recordar que se está tratando con la condición humana y ésta es impredecible”.

Por tanto, reiteró que es clave presentar al público su metodología: su margen de error, el nivel de confianza, tipo de muestra, y por supuesto, dar a conocer quiénes han patrocinado la realización de una encuesta.

Es importante, dijo Diez, la ética en la firma encuestadora.

Anotó que se puede manipular la metodología de una encuesta para entrevistar a una población de votantes, sabiendo de antemano su intención de voto.

También explicó que algunos candidatos pueden utilizar las encuestas a su favor, de forma indebida, para influenciar a los votantes.

Es necesario, valoró Diez, “transparentar la metodología, decir cómo se levantó, dónde se levantó, mostrar el margen de error muy claramente”.

La encuesta surgió como un instrumento de investigación para asuntos de negocios, luego mudó al ámbito de lo social y ahora, por lo visto, corre el riesgo de ser simple publicidad.

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