Ya escribí sobre el abismo del prostíbulo, acerca del caso de las Poquianchis y en relación con La bandida, todo ello en la República Mexicana. Ahora me concentraré en la barbarie que es el crimen con las jovencitas menores de edad que son llevadas, con engaño o la fuerza, a prostíbulos de varios países, donde son flageladas, torturadas, engañadas, encerradas, mal alimentadas y en general tratadas muy por debajo de lo que merece el ser humano en este planeta. Además, esas niñas son drogadas contra su voluntad cada vez que van a tener relaciones sexuales, combinando con el alcohol, el cual aumenta el efecto de la droga. ¡Qué crimen! ¿Y qué haremos con esos malditos traficantes de seres inocentes, o con las madres que llevan al burdel a entregar a sus hijas de 11 y 14 años. No hay conciencia, en la sangre les debe correr agua en estado de putrefacción y su cerebro debe estar destrozado por el ansia del dinero. ¿Por qué no se prostituyen ellos para darles de comer? Ya que una madre de una niña de 11 a 14 años por lo general es joven y se puede alquilar por unos cuántos pesos, y si resulta buena en la tarea puede aumentar la cuota. Éstas son como objetos que según la velocidad y duración sale el precio.
Estas niñas viven con el temor en sus mentes constantemente, el miedo no las abandona jamás. Los traficantes de blancas deberían estar en el lugar de estas víctimas que aún tienen vida, y se darán cuenta del horror que padecen ¡pobrecitas! Esto sí es el infierno ¿Qué harían? ¿Por qué pagan esta pena tan dolorosa y cruel?
Los jueces, antes de imponer la pena a estas culebras humanas, con perdón de estos reptiles, deben pensar meditar y comparar si cómo mirarían el asunto si fuera una hija de ellos. Deben hacer fuego sabiéndolo hacer. Yo los tatuaría en la frente con una señal que deberían llevar para ser conocidos, y si se las borraran les aumentaría la pena, además del tiempo que tendrían que pasar detrás de las rejas.
Seguro que algo como esto sería condenado por los organismos de derechos humanos. Pero pregunto: ¿Tienen derecho las víboras que han destrozado a estas niñas a ampararse en los derechos humanos? ¿Se han puesto a pensar que hay dos daños: el físico y el psicológico, y esto jamás se olvida? Este dolor se vuelve el eterno compañero de las víctimas, que lo llevarán hasta la tumba, y si mueren ancianas durará el dolor el tiempo que permanezcan vivas.
¡Qué tristeza! Padres de familia, hermanos, primos, etcétera. Pónganse a pensar en el calvario de estas muchachas, para quienes después de despertar vencidas por el sueño y el maltrato viene un día y gran parte de la noche de tortura: Patadas, drogas, sexo y más sexo, además de los insultos que sufren de parte de la “matrona”, exigiéndoles hacer sexo por distintas partes de su cuerpo.
Hay que meditar y actuar sobre este grave problema, apoyar medidas contra esas bestias humanas que se dedican a la explotación sexual de niñas y jóvenes y a los que se les debe condenar y marcar en la frente, para que el pueblo los reconozca.