Hombre en la noche
Ariel Montoya
En memoria de Jorge Bolaños Abaunza
Esparce, >siembra la semilla sobre el surco húmedo de la vida.
… Báñate Regocíjate en la sombra de tu espíritu enarbolado. (Fragmento de un poema de Jorge Bolaños Abaunza, escrito el 23 de junio del 2003, dedicado a sus padres)
Se murió y no nos dijo nunca lo último, que era lo primero que había que decir. Porque él dijo siempre todo, siempre libre, franco, noble, con todo el Sol de la sabiduría a cuestas. Pero no lo último: el secreto último de su existencia. Un hombre de arrebato socrático siempre al borde de decir la gran verdad, el gran descubrimiento. Pero lo vimos de pie, desafiante, o alzando los brazos sobre la mesa, esgrimiendo, desde sus ojos tornadizos, sin sosiego, los metales vivos de su escudriñadora inteligencia, la cantera espejeante de su pensamiento.
Ahora, el hombre yace solo en la noche, en su noche de sentidos apagados, más noche que las noches que vivió en vida, muertos ya sus últimos centímetros cerebrales, el diapasón de su lógica implacable. Abolida la ternura del hombre que amó el maíz en su ciencia y arte, comida y mito de la América que respira. Abolida la voluntad del que sembró semillas en el surco porque creía en su Patria siempre naciendo y renaciendo.
Sembró para el amor, para sus padres, para sus hijos, para el futuro, y su cabeza inquieta brilla, sigue brillando en la tumba de su Solar Natal. Enarbolando los principios de la propia verdad ¿que nunca dijo toda? Como si nada hubiese sucedido. 
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