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SUPLEMENTO SEMANAL DEL DIARIO LA PRENSA / SáBADO 10 DE SEPTIEMBRE DE 2005
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Hombre en la noche

Ariel Montoya

En memoria de Jorge Bolaños Abaunza

Esparce,
>siembra la semilla
sobre el surco húmedo de la vida.


Báñate
Regocíjate en la sombra
de tu espíritu enarbolado.
(Fragmento de un poema de Jorge Bolaños Abaunza, escrito el 23 de junio del 2003, dedicado a sus padres)

Se murió y no nos dijo nunca lo último,
que era lo primero que había que decir.
Porque él dijo siempre todo, siempre libre,
franco, noble, con todo el Sol de la sabiduría a
cuestas. Pero
no lo último: el secreto último de su existencia.
Un hombre de arrebato socrático siempre al borde de
decir la gran verdad,
el gran descubrimiento.
Pero lo vimos de pie, desafiante,
o alzando los brazos sobre la mesa,
esgrimiendo,
desde sus ojos tornadizos, sin sosiego,
los metales vivos de su escudriñadora inteligencia,
la cantera espejeante de su pensamiento.

Ahora, el hombre yace solo en la noche,
en su noche de sentidos apagados,
más noche que las noches que vivió
en vida,
muertos ya sus últimos centímetros cerebrales,
el diapasón de su lógica implacable.
Abolida la ternura del hombre
que amó el maíz en su ciencia y arte,
comida y mito de la América
que respira.
Abolida la voluntad
del que sembró semillas en el surco
porque creía en su Patria siempre naciendo y renaciendo.

Sembró para el amor,
para sus padres,
para sus hijos,
para el futuro,
y su cabeza inquieta brilla,
sigue brillando en la tumba de su Solar Natal.
Enarbolando
los principios de la propia verdad
¿que nunca dijo toda?
Como si nada hubiese sucedido.  
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Don Juan del Camino


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