Pintura
Víctor Canifrú: esa rara calidad
Raúl Orozco
Permítaseme una arbitrariedad: afirmar que el arte —todo arte— es despótico y no admite sino realizaciones. De suyo, toda obra realmente artística es expresión de ideas precisas en un momento histórico, fijo ya en el tiempo.
Es un eureka, un “lo encontré” que muestra el artista, para compartirlo con quienes deba compartirse. Víctor Canifrú hace exactamente eso: encuentra formas para su pensamiento y nos muestra lo encontrado: círculos y líneas de fuerza en movimiento.
Y nos convence de que se trata de “fuerza” y “movimiento”, ya sea que nos muestre potro y jinete o gaviotas sobre bullicioso mar encrespado.
Sus ocres, azules, amarillos, blancos y rojos, con espátula o pincel, presentan gradaciones imperceptibles pero actuantes en la naturaleza del tema presentado. Sus figuras, estilizadas, vivas, vegetales, humanas, transparentes, imprimen a sus obras una cualidad decisiva: misterio.
¿Deberíamos recordar que “misterio” significa “lo oculto”?
Víctor Canifrú muestra en esta exposición, su trato personal de veinticinco años con el dibujo, la composición y el color, con los que ha expresado su personal cielo. Su infierno personal. El resto que sea el disfrute estético de sus obras: esa rara calidad. 
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