Libros
Cómo procesar los cuentos
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 | La narrativa de Henry Petrie en su reciente publicación, Tómame y te contaré, aborda la adicción, el hastío, la falta de conciencia, la soledad, la miseria, el sexo y el desconocimiento del verdadero amor |
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Henry Petrie. |
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Eugenia Toledo-Keyser
Los cuentos de Petrie revelan una patología que va más allá de lo nacional nicaragüense para entrar en una propuesta de carácter global. Por ello, el autor o el narrador se preocupa al inicio del volumen con qué frase debe empezar a contar: “¿Cómo se supone debo empezar este relato? ¿O cuento? ¿Qué reglas, estilo o técnica narrativa debo tomar en cuenta?” (p. 9).
En El ensayo o introducción de la primera parte llamada Abriendo el telón, el narrador, tomando una postura teatral o de prestidigitador, cavila sobre la manera cómo debe iniciar un cuento y no se decide por ningún tipo de comienzo fijo, tradicional o nueva fórmula sino que se decide por una iniciación caprichosa y propia. Con ello nos indica su presencia, y aunque el libro tiene personalidad propia y nos trata de “tú” invitándonos con el título a leerlo, cuando se trata de la armazón del libro, nos encontramos con una mano, la de alguien que controla el telón, que lo abre y lo cierra cuando se le ocurre, o al que le puede hacer un hoyito y catear hacia el escenario y relatarnos lo que ve. La imagen de abrir el telón es como si se lo rajara medio a medio y esto lo hace el narrador del volumen.
En efecto, el volumen también tiene un final teatral. Se llama Cerrando el telón y presenta un relato titulado Cuentenano, donde dos personajes discuten el llamado minicuento (el cuento enano) llegando a la conclusión que lo importante, o que el objetivo de este tipo de literatura es “contar historias y no hacer contabilidad” (p. 143); la vida es muy corta, nos dice Petrie detrás de sus relatos, como para hacerla aún más corta, es decir, un minicuento. Y cierra el telón (p. 143). Sin embargo, irónicamente, como en un verdadero laberinto narrativo, un minicuento (o intertexto) es producido por el personaje femenino de esta sección, una novel escritora, que en realidad remacha el libro. El minicuento es de corte apocalíptico o profético: “La humanidad, en obsesiva simplificación, se extinguió.” (P. 143).
Los temas del volumen, considerados en forma conjunta, tienen resonancias internas que ayudan a comprender un mundo denso y compacto. De alguna manera todos los cuentos se relacionan. Su temática proviene de una sola fuente. Hay una interdependencia sutil entre los textos que no menoscaba la independencia de cada uno, sino al contrario dilata sus funciones y significancia.
El narrador interviene como un agente (facilitator) de acciones que están definidas en los cuentos por sus relaciones, ya sea relaciones entre individuos o grupos. En la relación está en primera instancia el peligro. O la relación pone a los sujetos en peligro. Sus personajes no son héroes, al contrario, todos viven en el desamparo de la relación con otros elementos, como la adicción, el hastío, la falta de conciencia, la soledad, la miseria, el sexo y el desconocimiento del verdadero amor, el desquiciamiento, etc.
No está demás repetir aquí que la temática general de los cuentos de Petrie, desde este punto de vista, es la descomposición del sujeto social, en cualquier parte del mundo, ya sea Nicaragua, Honduras, Chile, Argentina, España, etc.
Los personajes son individuos insertos en la corriente de la sociedad e incapacitados de romper los lazos que los aprisionan hacia su liberación; se presentan recargados de energías negativas que los victimizan. Estas cargas son visibles e invisibles y aplastan o anulan al sujeto; no hay en ellos una estrategia o una manera de salir de su estado de indignidad (por ejemplo, caso del cuento Éxodo de los monos), de la adicción al poder, a lo material, a la estulticia (caso La gracia del Presidente y otros) de la adicción sexual; de la situación de incesto (Demonio oculto), etc.
Otro tema importante asociado a lo anterior es la soledad del individuo y su cansancio. Estos cuentos revelan la lucha entre el ser y la disolución del ser. La disolución del ser se da en relación dependiente con otro u otros seres. Lo que destaca, por ejemplo, el cuento llamado Dorian es la disonancia de las relaciones en que el personaje se ha movido, hasta su último encuentro con un “otro” que se aleja, que se va a otro espacio, y todo queda incompleto, en un encuentro sexual triste y nada más. La ruptura violenta al personaje y lo sume de nuevo en el hundimiento. El individuo también vive situaciones irónicas como es el caso del adulterio no consumado en el cuento del accidente automovilístico titulado Del volante.
Los mundos presentados por Petrie andan al revés, como en las novelas picarescas españolas, por ejemplo, El buscón o el Lazarillo de Tormes. Los personajes son losers, es decir, tal como se usa el término en el idioma inglés, son individuos que están expuestos constantemente a ser derrotados, a pagar caro sus valores, deseos o necesidades. Están perdidos de la partida.
El tema del hundimiento pavoroso está excelentemente expresado en el cuento Éxodo de los monos, donde el niño que cae a un hoyo, sin que nadie lo viera (y el narrador tampoco nos da grandes detalles) se pierde para siempre, como si el futuro lo hubiera tragado. La pérdida del niño hundido es la falta de superación del problema de precariedad de la población que baja de los cafetales a pedir asistencia. Es una obra teatral, una tragedia coral. Filósofos como Alain Touraine han expresado que en nuestras sociedades hay muchísimos hoyos o agujeros por donde la gente puede caer. Son hoyos de los que no se sale, porque los individuos son víctimas de una dominación aplastante; en el caso de este cuento, el niño es un símbolo de la situación, abandonado a sí mismo, grita, nadie lo oye, finalmente, padres, amigos, y otros abandonan la búsqueda y se esfuman.
Para salir de cualquiera situación de minusvalía se debe tener una referencia positiva al menos de sí mismo, una esperanza en la construcción de una identidad, de una vida mejor, de libertad. Los trabajadores cafetaleros sin comida, sin abrigo, tratan de definir su situación a través de la acción; su acción desesperada es venir a la plaza y protestar, o pedir ayuda asistencial, sin embargo, son aplastados y desbandados por los poderes político, eclesiástico y de clase. No hay una gran descripción de los trabajadores en el relato pero sí una fuerte intención significativa, y el lector la siente. Está muy bien lograda la atmósfera de precariedad en este cuento. 
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