Editorial
Un puente al pasado
Jehú Hernández Sandoval
En el departamento de Boaco, a unos nueve kilómetros sobre la carretera que va hacia Muy Muy, existe una comunidad que se llama Cerro Las Lagunas, en la que sus pobladores han tomado decisiones bien acertadas para promoverla turísticamente. En ese sitio hay varios atractivos que resultan interesantes para los turistas nacionales y extranjeros.
Tienen, por ejemplo, cinco lagunas de regular tamaño en la parte alta del cerro, lo que no es muy común, pues se trata de un cerro y no de un volcán. Además, enseñan a sus visitantes todo lo relacionado con los menesteres del campesino, como el ordeño matutino, la siembra de granos y hortalizas y hasta la manera tradicional en que se preparan los alimentos típicos del campo.
Pero el principal atractivo son, sin lugar a duda, los petroglifos tallados en piedra en la época precolombina, supuestamente por los indígenas de la tribu Wiwas.
Sus pobladores tienen algo que caracteriza a los nicaragüenses: calor humano. Y es con ese afecto y esmeradas atenciones que hacen placentera la estancia en esta comunidad, que aunque no se nota mucho el paso del tiempo y la modernidad en sus humildes casitas, están dispuestos a recibir a cuantos turistas lleguen para ofrecerles alimentación, hospedaje y una convivencia familiar de campiña.
En la sección De Gira que publicamos en las páginas 8, 9 y 10 de la presente edición, les contamos la experiencia que vivió un equipo de Viernes Chiquito al ascender hasta las lagunas del cerro, intentar descifrar los mensajes de los petroglifos y experimentar un contacto directo con la vida del campo.
Editor

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