JUEVES 1 DE SEPTIEMBRE DEL 2005 / EDICION No. 23919 / ACTUALIZADA 03:00 am





EL HUMOR DE




Los árboles podados

Foto  

 

Gioconda Belli

Si yo fuera una sacerdotisa en Atenas, me dirigiría, con esta inquietud, a los templos de Mercurio y de Apolo. Pero los tiempos han cambiado. En vez de dioses dueños de la luz o las comunicaciones, hoy tenemos directores, ministros. En vez de sacerdotisa en un templo en Atenas, yo soy ciudadana de Managua y mi oficio es la palabra. Es pues con la palabra que debo acudir a los modernos templos de hoy a elevar esta rogativa que hoy les hago llegar a través de las páginas de LA PRENSA.

Por favor, hagan algo para que las cuadrillas que se encargan del mantenimiento de los tendidos de luz y de teléfono dejen de mutilar los árboles. En los últimos tiempos es imposible transitar por las calles de esta ciudad sin mirar, con dolor y horror, cómo chilamates, robles, y otros árboles han sido salvajemente mutilados con la intención de liberar los distintos alambres del tendido eléctrico o telefónico. A machetazo limpio, las copas de estos árboles sin más culpa que su frondosidad y belleza, han sido convertidas en muñones alzados hacia el cielo. Esas ramas cortadas de tajo, se alzan por todos lados como tristes lamentos, como brazos cercenados que claman por la pérdida de su belleza.

Desde que era niña recuerdo, por ejemplo, la magnífica avenida bordeada de chilamates frente a la Embajada de Estados Unidos. Era un túnel verde, majestuoso al que uno entraba bajando por la pista que pasa al lado de Las Piedrecitas, hasta llegar casi a Montoya. El otro día pasé por allí y sentí que estaba en un país ingrato: los chilamates mochos, grotescos, fueron la triste estampa con que chocaron aquellos verdes recuerdos. En la Carretera Sur, de camino hasta mi casa, todo el borde de la vía está sembrado de árboles mutilados, como lo están los barrios residenciales. La ciudad entera, una ciudad cuya mayor hermosura está en su verdor, parece haber sucumbido a este impulso que, sin cesar, cercena, mocha, machetea y acusa un descuido y un desprecio imperdonable por el paisaje y por la belleza de este generoso recurso con el que el trópico nos premia.

Ciertamente que los árboles no se cuidan de echar sus ramas de manera que no estorben a las necesidades de nuestra modernidad. No digo aquí que no haya que podarlos. Se hace en todas las ciudades arboladas del mundo porque aún en las más modernas hay cables aéreos. Pero los árboles “se podan, no se descuartizan como aquí”.

En Nicaragua, la labor de desramar también podría hacerse con tino de jardinero y estética. Funcionarios del Marena, de los que saben de árboles, podrían impartir sus conocimientos o elaborar una guía para los integrantes de las cuadrillas de Enitel y Unión Fenosa. Los árboles son un recurso, un adorno, son nuestro paisaje, y se merecen un buen trato. Si un árbol se poda bien, puede hasta crecer más hermoso. ¿Qué costaría poner un poco de empeño en esto? Creo que casi nada. Pero son ustedes, modernos señores de la luz y las comunicaciones, quienes tienen la responsabilidad de detener esta labor de desmoche indiscriminado y mutilación.

Entre los muchos problemas que padecemos en Managua, éste es uno que puede ser solucionado sin incurrir en enormes gastos. Se ha hecho en el pasado. Yo no recuerdo otra época peor que ésta en cuanto a la despreocupación por los árboles de la capital. Yo apelo también al señor Alcalde de Managua para que intente poner freno a estos machetes desenvainados en guerra contra el verdor.

La autora es escritora.
.


---
 
 

Derechos Reservados 2002. La información contenida en este medio de comunicación, no puede ser reproducida ni publicada, parcial o totalmente, en ningún otro medio de comunicación privado o público, sin el consentimiento por escrito de LA PRENSA S.A
 

 

Entre Morgan y Robin Hood

Opiniones sobre el DR-Cafta

Los árboles podados

En letra pequeña