Quinto mandamiento
Armando Guevara fletes
Los hermanos nicaragüenses no se deben emborrachar ni drogarse a fin de que no sigan matando hermanos. Dios creó al hombre a su imagen y semejanza y sólo Él puede quitar la vida que dio.
Todos los días se ven y escuchan historias como la de Cateo. En el año 1935, en Chinandega había un cartero llamado Carlos, a quien por cariño la mayoría de la gente lo llamaba Cateo. También en ese tiempo, en Chinandega había un guardia nacional de color blanco y de pelo rubio, por lo que todos lo conocían como Rubio o El Rubio.
Cateo y El Rubio eran muy buenos amigos. Un día de tantos que se encontraron en la calle, Cateo vio al Rubio tan desmejorado, que le dijo: “ve Rubio, ¿por qué no hablás con el doctor para que te dé un remedio para esa anemia que tenés?” “No es anemia”, respondió el amigo. “Y entonces, ¿qué jodido es lo que tenés?”, replicó “Cateo”. “Es que no puedo dormir”, dijo el hombre. “Pues que te dé pastillas para dormir”, aconsejó Carlitos. “Mirá amigo —contestó el GN—, el problema es que en cuanto cierro los ojos empiezo a ver a las personas que he matado”.
Para ese tiempo, en Chinandega, cuando capturaban a un asesino comprobado lo metían a la bartolina, y cuando se le antojaba al comandante mandarlo a matar, pedía un GN voluntario para que fuera a hacer el trabajo, y en la mayoría de las veces, era el Rubio quien se ofrecía. Al preso se le daba un machetito sin filo, supuestamente para ir a cortar zacate para los conejos del comandante. Cuando ambos ya estaban en despoblado, el guardia le decía al preso: “Ve hermano, a mí me mandaron a matarte, pero con qué valor te voy a matar si vos no me haz hecho ningún mal, por lo que te recomiendo que te corras, y yo voy a decir que te me fugaste”.
Al oír esas alentadoras palabras, el reo veía una posibilidad de salvar la vida, por lo que se corría. El Rubio, que ya llevaba el rifle Garand bala en boca, lo levantaba, apuntaba y dejaba ir el tiro en la espalda del reo, que ilusamente creyó que se iba a salvar.
Por favor hermanos rigiosos, no se embriaguen ni se droguen, para que no sigan matando hermanos, no sea que terminen como el asesino Rubio.

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