Taxistas en la mira de asesinos
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En menos de dos meses tres taxistas fueron asesinados con saña. Dos de ellos fueron ejecutados con tiros en la cabeza; y un tercero, con claras evidencias de haber sido cruelmente torturado antes de su muerte. Hasta el momento la Policía no ha podido esclarecer estos crímenes que han causado pánico en los trabajadores del volante |
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Familiares y amigos participan en el funeral del taxista asesinado Moisés Espinoza.
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Luis Alemán Saballos sucesos@laprensa.com.ni.
Las heridas que dejó en su familia la muerte del taxista Moisés Espinoza aún no habían cicatrizado cuando la noticia de la muerte de Ángel Arnoldo Morales Cruz, otro obrero del volante, estremecía a sus familiares y ponía en alerta a la Policía, cuyos investigadores comenzaron por presumir que una banda de delincuentes bien organizada comenzaba a eliminar a los taxistas.
La víctima esta vez, al parecer fue cruelmente torturado y su cadáver lanzado cerca de San Benito, en el kilómetro 45, a la orilla de la carretera que conduce hacia Las Banderas.
“No entiendo por qué tanta saña”, repetía Nery Larios Jarquín, la mujer con quien Morales Cruz compartió los últimos años de su vida y quien ahora, en un tono de reclamo, señala que su esposo jamás entendió el temor que ella sentía cada vez que salía en el carro a cumplir con su trabajo en un turno nocturno.
“Yo siempre le dije que no siguiera trabajando en ese turno que era peligroso, pero él siempre encontró la forma de tranquilizarme”, recuerda Larios Jarquín, quien se niega a aceptar la realidad que ahora le toca enfrentar.
“Lo que ocurrió no me parece real”, asegura, mientras trata de encontrar en el vacío un por qué a todo el drama que desde el pasado 21 de agosto vive tras la muerte de su esposo.
ESPERÓ EN VANO
Nery Larios Jarquín esperó en vano las llamadas telefónicas que su marido con disciplina religiosa hacía para informarle sobre los lugares que iba en su recorrido. “Siempre llamaba, si salía un viaje fuera de Managua me avisaba o si no, pasaba por la casa informando que iba largo”, afirma. Esta vez Nery se quedó esperando la llamada de su esposo que nunca llegó.
Después de su jornada de trabajo, Morales Cruz gustaba tomar unos tragos, eso lo hacía de vez en cuando, por esa razón aunque estaba preocupada, Larios Jarquín intentó calmarse diciendo para sí que su esposo seguramente se había quedado tomando unos traguitos.
Esa noche no pudo dormir, se despertaba constantemente y su mirada quedaba fija en el teléfono celular, mientras su mente se llenaba de una lluvia de interrogantes.
“¿Qué habrá ocurrido?, ¿lo habrán asaltado?, ¿dónde estará?, ¿se habrá accidentado? De todo pensé esa noche, yo me hacía la idea de que estaba con sus amigos pero jamás pensé que lo habían matado”, señaló.
Esa noche, ya Ángel Arnoldo Cruz no llegó a casa.
DRAMÁTICA ESCENA
Con los primeros rayos del sol también llegó la cotidiana actividad de un nuevo día y así, uno que otro ciudadano comenzó a recorrer la carretera en cumplimiento de alguna diligencia.
Transcurrieron las horas del domingo 21 de agosto y todo parecía que sería igual a cualquier día hasta que varios pobladores observaron que en el fondo de una pequeña bajada, exactamente en el kilómetro 45 de la carretera hacia El Rama, donde está un puente, se encontraba un bulto. Al acercarse más descubrieron que se tratada de un cadáver.
Asustados dieron aviso a la Policía del municipio de Tipitapa, cuyos agentes llegaron al lugar casi de inmediato confirmando que estaban frente a un hecho delictivo.
¿TORTURADO?
Al hacer sus indagaciones, poco a poco los policías descubrieron elementos que los llevaron a concluir que se trataba de un caso relevante diferente a los clásicos homicidios, un asesinato.
El cadáver de Ángel Arnoldo Morales Cruz tenía sus manos hacia atrás, atadas con un cordón verde de zapatos deportivos, los pies también estaban atados pero con un cordón blanco.
Su rostro no presentaba evidencias de golpes pero su cuello tenía múltiples perforaciones, una de las cuales había cortado la arteria yugular izquierda. En el tórax la víctima presentaba varios orificios que según la Policía eran más de diecisiete incisiones. “Lo mataron con tanta saña que no parece un crimen para robarle”, comentó el comisionado mayor Carlos Bendaña, jefe de la Policía de Managua.
“Fue dejado atado de pies y manos, las señas en su pecho eran poco profundas y tenía en sus manos y pies huellas profundas del mecate con el que le ataron, parece que hizo esfuerzos para soltarse de las ataduras”, comentó su esposa.
El cuello de Morales Cruz fue prácticamente picado aparentemente con un arma cortopunzante. “Tenía múltiples heridas”, detalló el capitán Róger Casco, jefe de Secretaría del Distrito Ocho de Policía.
Según Casco, Morales Cruz también presentaba “tatuajes que parece lo dejó un cordón atado alrededor de su cuello”, señaló.
UN HOMBRE MUY AMIGABLE
Los compañeros del gremio de taxistas recuerdan a Morales Cruz como un hombre tranquilo, fregador, amigable, hablantín. “Todo mundo lo conocía”, señala Manuel Goussen, presidente de la cooperativa Carlos Núñez Téllez.
“Hasta donde yo sé, él no tenía enemigos”, recuerda su esposa Nery Larios Jarquín, pero está casi segura que no fueron simples ladrones los que mataron a su esposo.
“¿Si fuera un ladrón por qué tanta saña?”, se preguntó.
VARIABLES
Para el comisionado mayor Carlos Bendaña, jefe de la Policía de Managua, durante la investigación de un hecho delictivo hay siempre múltiples variables que deben tomarse en cuenta para después descartar.
“Hacemos una presunción y luego con elementos nuevos vamos llegando a una conclusión hasta aclarar el crimen”, asegura.
En el caso de la muerte casi en serie de los taxistas, la Policía presume se trate de robos. “Prefieren matarte para que el crimen quede en la impunidad”, señala el jefe policial.
“La intención aparente es el robo, eso es lo que nosotros tenemos, si al final sale otra cosa, hay variables que debemos tomar en cuenta, puede ser una pasada de cuentas y hasta la posibilidad de drogas”, asegura Bendaña.
NO SON CONSTANTES
Carlos Bendaña, Comisionado Mayor y jefe de la Policía de Managua, afirma que el crimen contra los taxistas no es una constante. “El asalto a los taxistas como el robo de armas a los vigilantes sí es una constante, pero el asesinato no lo es”, asegura.
“Tenemos tres casos en menos de dos meses, eso es lo que lo hace relevante”, señala para asegurar que la Policía está trabajando en la investigación y que pronto dejarán claros los tres casos ocurridos.
Bendaña asegura que los planes de la Policía no pueden ser permanentes. “Si me están afectando a los taxistas tengo que hacer planes para contrarrestarlos y eso es lo que estamos haciendo”, afirma.
Actualmente la Policía ejecuta planes de control para los taxistas. “En las garitas de entrada y salida están controlando quiénes y cuántos van en los taxis, quiénes son los que entran y salen, si van asaltados.
“PLANES INSEGUROS”
“Los planes de la Policía Nacional son inseguros y circunstanciales y se ponen en marcha sólo cuando hay un muerto”.
Ese es el criterio de Manuel Goussen Morales, presidente de la cooperativa de taxis Carlos Núñez Téllez, a la que está asociada la propietaria del taxi que conducía Ángel Arnoldo Morales Cruz, asesinado de varias puñaladas.
“Si te fijás, sólo cuando hay un problema como éste la Policía empieza a tomar medidas para proteger a todos los taxistas", señala.
“Esas medidas de seguridad deben ser una constante, permanente y no circunstancial para enfrentar el clima de inseguridad que tienen los taxistas”, reclama el presidente de la cooperativa.
Pero Goussen reconoce que como taxistas también deben tomar medidas de autoprotección. “Cuando hay un muerto nos asustamos pero luego no tomamos medidas en defensa propia”, señala.
Armarse puede ser una opción y aunque Goussen no lo reconoce, hay muchos taxistas que lo hacen, pero muchas veces “con esa misma arma te pueden dar y eso ya ha ocurrido”, recuerda.
Pero también el taxista no debería de subir a más de un pasajero sobre todo de noche, ni aceptar carreras fuera de los límites de la ciudad y con pasajeros sospechosos, recomienda.
El otro problema, según Goussen, es que los cadetes están con la presión de conseguir el dinero para pagar al dueño del vehículo y sacar su ganancia, eso los hace no tener cuidado de ver a quién y a cuántos sube al auto.
Según Goussen, el asesinato de Morales Cruz es el tercero que se registra entre el gremio de taxistas y como los dos anteriores, no han sido aclarados por la Policía. Eso ha generado entre los obreros del volante un estado de inseguridad que los llena de temor.
“Realmente estamos atemorizados, cualquier día puede tocarnos a uno de nosotros y la muerte quedará en la impunidad”, asegura.
ESTADÍSTICAS
Según las estadísticas de la Policía Nacional, desde enero hasta el mes de agosto del presente año han sido asesinados tres taxistas. En este mismo período han ocurrido 166 robos con violencia en que las víctimas han sido obreros del volante. Según el comisionado mayor Carlos Bendaña, jefe de la Policía en Managua, hay un incremento de 32 casos más que los registrados durante el mismo período del año pasado.

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