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SUPLEMENTO SEMANAL DEL DIARIO LA PRENSA / SáBADO 29 DE OCTUBRE DE 2005
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Un sol al amanecer

Foto  

Fragmento, pintura de Álvaro Gaitán.

 

Bayardo Quinto Núñez

Amanda Núñez Cerda, mi madre (qepd), y a mi hija Zaida Guadalupe Quinto Calderón

Guadalupe salió unos minutos al jardín para recobrar fuerzas con el contacto del sol y el sonido del viento. El aire de ese día parecía decir e insinuaba una opinión desconocida.

Don Guadalupe regresó a su estudió y cuando estuvo a punto de comenzar nuevamente a pensar hizo una profunda reverencia mental: “Sabe Dios qué otras cosas, vuestra honorable cabeza se ve como una tabla de estregar y los ojos como un par de candelas sin alumbrar camino definido”.

Después de haber pronunciado mentalmente esas palabras se quedó de pie, inclinado hacia adelante, con las manos sobre las rodillas, era el puro retrato de la mansedumbre, y observaba profundamente el lienzo de una nueva obra que estaba a punto de finalizar, y comentó a su hija Zaidita: “A esta obra le hace falta algo, allá en el horizonte, que no sé qué es por ahora”. Zaidita le dijo: “Es posible que a esa bella obra de noche estrellada apreciada por la intimidad de la dama posesionada de su aposento le haga falta una estrellita roja con dos luceros a la par y unos destellos de rayos solares, para que se pueda interpretar que la noche se va y viene el nuevo amanecer”. Ve, qué excelente está tu idea, además, exactamente eso es lo que necesita la humanidad, una nueva esperanza de vida, finalizó Guadalupe, el padre de Zaidita.  
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Un sol al amanecer