El ingenio de Wilde
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Oscar Wilde. |
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Julio León Báez
Oscar Wilde escribió una extensa bibliografía entre las que podemos mencionar: Poemas (1881), El abanico de Lady Windermere (1892), Balada de la cárcel de Reading (1895-1897), Cuentos infantiles: El príncipe feliz y El gigante egoísta (1888), La Importancia de llamarse Ernesto (1895), El Retrato de Dorian Gray (1891), Salomé (1891), De Profundis (1895), la cual considero la mejor, entre otras.
A pesar de ser criticado por llevar una vida desenfrenada, se reunía con grandes maestros como fueron Verlaine, Víctor Hugo y Daudet.
El amor y la pasión que sintió por Lord Alfred Douglas, lo llevó a guardar prisión por dos años, donde, además, realizaba trabajos forzados. Pero el hecho de estar en prisión, sufrir el abandono de amigos y familiares, la humillación pública y tantas vejaciones, no limitaron a este genio, más bien fueron factores determinantes que le permitieron la creación de una de sus grandes obras: De Profundis, obra en donde queda patentizada su extraordinaria capacidad de amar.
De Profundis es una extensa carta que Wilde escribe en la prisión a Lord Alfred Douglas, obra que al leerla nos emociona y nos invita a ser partícipes de uno de los grandes amores de la historia, que aunque con un final doloroso, fue intenso, pasional y obsesivo, pero rodeado de intelecto y sofisticación.
El 19 de mayo de 1897 sale de la cárcel y se va con Douglas a Berneval, Francia, y allí escribe La balada de la cárcel de Reading, donde narra la dureza de la vida en la cárcel y la desesperación de los privados de libertad.
Oscar Wilde nació el 16 de octubre de 1854, en el número 21 del Westland Row, de Dublín. Wilde, con su genialidad, sofisticación y encanto supo enfrentarse a la rígida sociedad victoriana, a la cual el dramaturgo adulaba y despreciaba al mismo tiempo.
De Oscar Wilde se decía que era un hombre que permitía que convivieran con él, el altruismo más generoso junto al egoísmo mas calculador. Ángel y demonio a la vez, manipulador de almas, pero a pesar de esto, poseía una extraordinaria capacidad de amar.
Muere el 30 de noviembre de 1900 en París. Sus restos descansan en el cementerio de Pere-Lachaise. La tumba está adornada con una escultura de Jacob Epstein y lleva escrita las palabras siguientes de La balada de la cárcel de Reading:
“Y extrañas lágrimas llenarán por él el jarro de la piedad ya roto en antaño. Porque quienes lo lloren serán los parias y los parias eternamente lloran”. 
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