Julio Cortázar: coleccionista de firmas
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Anotaciones en los libros de Julio Cortázar, entre ellas, una dedicatoria de Pablo Neruda de su libro, La espada encendida. (LA PRENSA/ EFE) |
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Carmelo Lattassa EFE
Julio Cortázar es menos reconocido como poeta que como escritor de relatos, pero el argentino dejó una huella personal en sus libros: notas, párrafos subrayados, billetes de metro, papeles con números de teléfono, entradas de cine o comentarios escritos en los márgenes de las hojas. Las dedicatorias anuncian la admiración de quienes, además, fueron sus amigos, como Gabriel García Márquez, que no dudó en manifestarle su envidia como escritor ante el talento de Julio.
Pero, esta es la parte superficial de la historia. La biblioteca personal de Cortázar encierra su más íntima relación con la poesía, aspecto menos reconocido de su trabajo literario.
Quizá porque alguien dijo una vez que Cortázar era un poeta que escribía en prosa o porque simplemente su prosa es de tal envergadura que opaca su propia poesía, lo cierto es que ha pasado un largo tiempo en reconocerse poemas como este:
Milonga
Extraño la Cruz del Sur/ cuando la sed me hace alzar la cabeza/ Para beber tu vino negro medianoche.
Y extraño las esquinas con almacenes dormilones/ donde el perfume de la yerba tiembla en la piel/ del aire.
Comprender que eso está siempre allá/ como un bolsillo donde a cada rato/
la mano busca una moneda, el cortapluma, el peine/
la mano infatigable de una oscura memoria/
que recuenta sus muertos.
La Cruz del Sur el mate amargo/ y las voces de amigos/ usándose con otros.
Los libros de Cortázar también encierran la relación que mantenía con los escritores de su época, de cómo les sugería, escribía o cuestionaba, acomodando notas al pie de página.
También muestra la estrecha amistad que tuvo con la escritora Alejandra Pizarnik o el propio Octavio Paz. Otras dedicatorias como las de Mario Vargas Llosa, Carlos Fuentes, José Miguel Ullán o José María Guelbenzu.
UN POETA OCULTO POR SU PROSA
Julio Cortázar no publicó su extensa obra poética, en parte porque su prosa lo decía todo y en parte porque el propio autor no dejó que salieran a la luz. Frases como: “Excesivamente personales”, “nunca creí en la necesidad de publicarlos”, “demasiado marginales”, “herbario para los días de lluvia”, “amigos insensatos quieren verlos impresos”, indican que la modestia del autor lo ponía a salvo de la propia crítica y de la posibilidad de no ver sus poemas tan queridos como su obra. No hay escritor que escriba para no ser leído, con esto Cortázar en realidad se ponía a la sombra.
Por todo esto ha sido publicado Poesía y Poética, de Julio Cortázar. A propósito de la salida a las librerías de este ejemplar, su viuda, Aurora Bernárdez, se refirió a la “curiosa sensación de ignorancia” que ha existido siempre sobre esta parte de la obra de Cortázar, un “escritor fundamental del siglo XX”.
“Su teoría poética invade toda su obra. Sin embargo, él siempre sintió una gran timidez porque tampoco contó con el apoyo de sus amigos, que preferían su prosa”, comenta su viuda.
Aurora Bernárdez confesó sentir una gran emoción al ver reunidos, en la exposición que se acaba de celebrar en Madrid, un lote de volúmenes personales de su marido, y señaló:
“Si la poesía de mi marido estuvo ignorada fue porque no se editaba. Nunca tuvo el gusto de saber que sus poemas era leídos. Creo que el hecho de haber sido un escritor conocido podía haber despertado la curiosidad por su poesía, pero no fue así”.
Para la que fuera esposa de Cortázar, “la diferencia entre la gran prosa y la poesía no existe y en el caso de mi marido ambos géneros han seguido el mismo camino”.
También comentó la admiración que sentía el escritor, no sólo por John Keats sino también por poetas franceses o españoles como Federico García Lorca, y de éste especialmente su libro Poeta en Nueva York. También aludió a su amistad con Jorge Luis Borges, “en quien descubrió una manera de escribir, con independencia de sus diferencias políticas”.
JULIO CORTÁZAR POETA ANTES QUE NOVELISTA
Julio Cortázar Denis, nació en Bruselas, Bélgica, el 6 de agosto de 1914, por puro azar.
Su padre, un agregado comercial en la Embajada Argentina en Bélgica, se casó con una francesa. Pasó su infancia en la barriada del sur de la capital porteña, Banfield.
Nació con una precocidad notable y a los nueve años fue censurado por su primera novela romántica. Ejerció como profesor en la Universidad de Cuyo, provincia de Mendoza y allí fue desarrollando su intelectualidad por los caminos de la poesía, el cine, la música y otras actividades del arte y la literatura.
Su primera aparición en el mundo de las letras la hizo bajo el nombre de Julio Denis, con un libro de sonetos de notable influencia gongoriana, aparecido en 1938 en Buenos Aires titulado Presencia, al que le siguió en 1944 Los reyes, donde se mostró profundamente dramático y preocupado por el hombre. Su obra fundamental comienza en 1951 con la publicación de su libro de cuentos, Bestiario.
En ese año se trasladó a París, donde fijó su residencia. En la capital francesa trabajó como traductor en la UNESCO.
En 1963 apareció Rayuela, donde expone todas las posibilidades de la experimentación narrativa. Considerada como una de las grandes obras del siglo XX, se erigió en el impulsor y pionero del gran “boom” de la literatura iberoamericana. Fue admirado y luego seguido por Gabriel García Márquez, Vargas Llosa y Alejo Carpentier, entre otros.
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