“Productores sin caminos”
Bajo este título LA PRENSA presentó en su edición de ayer una información sobre el estado desastroso en que se encuentran casi todos los caminos y carreteras del país, particularmente aquellos que conectan con los principales centros de producción agropecuaria.
Sin duda que las copiosas lluvias de las semanas recién pasadas arruinaron más las carreteras y caminos de Nicaragua. Pero sólo agravaron el problema, pues muchas de esas carreteras y caminos ya estaban arruinadas tal vez como consecuencia de la mala calidad de su construcción, o porque ya pasó mucho tiempo desde que fueron construidas, por falta de mantenimiento o por la ineficiencia de las autoridades encargadas de su reparación y mantenimiento.
Curiosamente, es en el área de la construcción de carreteras en la que el Gobierno actual se ufana de haber conseguido más logros. Hasta una frase de publicidad acuñó el presidente Enrique Bolaños, en una ocasión en la que advirtió que quien no se apartara del camino de Pedro Solórzano (Ministro de Transporte e Infraestructura) éste lo podría adoquinar, en referencia a un ambicioso plan gubernamental para revestir con adoquines gran parte de las carreteras del país que no estaban pavimentadas, el cual, como todos los grandes planes que se hacen en Nicaragua, pareciera haber quedado a medio camino.
Ahora, en vísperas de la cosecha del café que es uno de los principales proveedores de divisas al país, casi todos los caminos de acceso a las fincas cafetaleras en el norte de Nicaragua se encuentran intransitables. Al respecto, en la información publicada ayer por este Diario se dice que “El Presupuesto General de la República establece para el 2006, una partida de alrededor de dos millones de córdobas (un poco más de 117 mil dólares al cambio oficial) para reparación de caminos y carreteras en el norte y centro del país, donde se ubican las zonas más productivas. Aunque lo que se requiere son alrededor de 240 millones de córdobas” (lo que equivale a 14 millones de dólares, más o menos).
En realidad, sin recursos presupuestarios no se puede construir ni reparar caminos y carreteras. Además, si el Fondo de Mantenimiento Vial (Fomav), por la razón que sea carece de los recursos indispensables para cumplir su tarea, no se puede esperar que haya más “reparaciones” que las que hacen los niños muy pobres que cubren con tierra los hoyos de las carreteras, con la esperanza de que los conductores de vehículos les regalen una moneda.
Es paradójico, por decirlo de alguna manera, que mientras a Nicaragua se le abre externamente un camino anchuroso y bien pavimentado hacia el progreso, mediante su participación en el recién ratificado tratado de libre comercio (DR-Cafta) que entrará en vigencia a partir del próximo 1 de enero del 2006, en el interior del país se cierran los caminos por los que se saca la producción; es decir, cierra sus propias posibilidades de desarrollo porque eso es lo que significa descuidar la construcción, reparación y mantenimiento de los caminos y carreteras del país.
Por otra parte, es absurdo e inicuo que mientras a una institución superpoblada, ineficiente y corrupta como es la Corte Suprema de Justicia se le asignen (en el proyecto de Presupuesto para el próximo año) 780 millones de córdobas, equivalente a unos 45 millones de dólares al cambio oficial; o peor aún, mientras la partida para pago de deuda pública interna es de 4,923.4 millones de córdobas (una deuda que en su mayor parte no se deriva de inversiones en obras de desarrollo ni por servicios a la sociedad, sino de las quiebras bancarias fraudulentas, las piñatas sandinistas y la guaca arnoldista); y mientras se financian también generosamente los gastos desmesurados en la Asamblea Nacional, la Contraloría, la Procuraduría de los derechos de los pactistas, el CNU, etc., sin embargo la partida para reparar las carreteras y caminos del productivo norte de Nicaragua es apenas de escasos dos millones de córdobas.
Alguno de los que participen en el diálogo nacional auspiciado por la OEA, debería plantear allí estas terribles distorsiones de la asignación del gasto público y proponer un acuerdo de nación para suprimir esa irracionalidad y comenzar a invertir de acuerdo con las prioridades del país. Aunque sólo sea para que quede como registro histórico.

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