MIéRCOLES 19 DE OCTUBRE DEL 2005 / EDICION No. 23967 / ACTUALIZADA 01:30 am





EL HUMOR DE




El empirismo magisterial

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Emilio Porta Pallais
eporta@gmail.com

El MECD anunció que el próximo año no permitirá la contratación de nuevos maestros que sean empíricos. Esta medida fue apoyada por algunos dirigentes sindicales y a primera vista uno podría valorarla como positiva, ya que supuestamente contribuirá a mejorar la calidad de la educación. Sin embargo, al analizar en detalle dicha medida se llega a la conclusión que la misma podría perjudicar la expansión de la cobertura educativa y que ésta no necesariamente elevará la calidad de la educación.

Desde el año 2000 el Gobierno ha incrementado el ingreso promedio de los docentes en un 117 por ciento. Dicho aumento salarial ha limitado la posibilidad que tiene el MECD de contratar más docentes, dado que el incremento presupuestario que ha percibido este ministerio ha sido utilizado en mayor medida en el mejoramiento del pago de los maestros existentes y no en la contratación de nuevos educadores.

Este encarecimiento de la enseñanza podría estar explicando la desaceleración que ha experimentado el crecimiento de la matrícula primaria. En el 2005 la matrícula de este programa educativo reportó el menor crecimiento observado en los últimos 8 años, su crecimiento fue de apenas de un 0.25 por ciento (un poco más de 2,000 alumnos) y la tasa neta de escolarización primaria alcanzó un valor inferior al observado en el año 2000 (80.3 por ciento). Este retroceso de media década reduce las posibilidades que tiene el país de alcanzar en el 2015 la universalización de la educación primaria y cumplir así con las metas del milenio y las de Educación Para Todos (EPT).

Por otro lado, es importante destacar que la matrícula de las escuelas normales en los últimos tres años ha experimentado consecutivos decrementos, llegando a representar en el 2005 apenas el 92 por ciento de la matrícula observada en 1997. Se estima que a finales de este año se graduarán de las escuelas normales solamente el 50 por ciento de los educadores que se requieren para expandir la cobertura educativa. Si al efecto del encarecimiento de la enseñanza le agregamos una medida que tiene por objetivo restringir la oferta de maestros, podemos predecir que se estará agravando aún más el problema que enfrentamos de baja cobertura.

Mientras el país no cuente con un sistema de medición de la calidad consolidado serán los padres de familia y estudiantes los que de mejor manera podrán valorar si la calidad educativa en sus escuelas está incrementando, si los maestros están más motivados, explican mejor las materias y se ausentan menos.

Sin embargo, es importante destacar que la evidencia empírica con la cual el país cuenta demuestra que si bien es cierto que las prácticas pedagógicas de los docentes inciden positivamente en la calidad académica de los estudiantes, para el caso de matemáticas se observa que los docentes tienen limitados dominios de las asignaturas.

Al analizar los resultados y las encuestas que acompañaron las primeras pruebas estandarizadas que se efectuaron en el 2002 para medir el rendimiento académico, encontramos que solamente un 47 por ciento de los docentes afirman tener un buen dominio sobre la geometría que se imparte en tercer grado, mientras que apenas un 39 por ciento afirma tener buen dominio de probabilidades que se enseña en sexto grado. En este sentido, habría que analizar si tiene alguna lógica que un licenciado en matemáticas no pueda ser contratado para impartir matemáticas en la primaria y un normalista con menos años de educación, sí.

La calidad de las escuelas normales ha estado cuestionada por el mismo Ministerio de Educación, que en su Plan Común de Trabajo se planteó tener para finales de este año el diseño de su transformación a institutos superiores de educación.

Si existe conciencia de las deficiencias que tienen las escuelas normales e incluso se plantea su transformación, ¿no sería mejor esperar a que se avanzara en este proceso y se aumentara la calidad de las normales o de los institutos superiores que se pretenden implementar antes de exigir como requisito para ser contratado el título de estas instituciones?

Espero que estas reflexiones enriquezcan el diálogo sobre políticas educativas y llamen a la reflexión a las autoridades gubernamentales, que en otras ocasiones, como en el caso del servicio social obligatorio de los alumnos de secundaria, con gran humildad y sabiduría han sabido enmendar decisiones que en un principio parecían loables y acertadas pero que luego de analizarlas a profundidad dejan en descubierto problemas de implementación o externalidades negativas.

El autor es master en Gestión y Políticas Públicas (Uchile)
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