Zoellick y los corruptos
María José Zamora
Para los políticos y sus allegados que han sido señalados de enriquecerse con el dinero del Estado de Nicaragua, que debió ser utilizado para beneficio de toda la ciudadanía, las palabras del Subsecretario de Estado de Estados Unidos, Robert B. Zoellick, expresadas en su visita a Nicaragua los días 4 y 5 de octubre, cayeron con el poder destructivo de un meteorito.
Los corruptos, acostumbrados a decir y hacer lo que les viene en gana, creyeron que las reglas de la diplomacia los protegerían de escuchar, de un foráneo, lo que los nacionales les dicen a diario por todos los medios posibles.
Es lamentable que estos políticos no pongan atención a las palabras de los nicaragüenses porque son éstos quienes los eligen para sus puestos. Es una realidad, y lo demuestran los resultados de las encuestas, que éstos se han acostumbrado a hacer caso omiso de los reclamos, solicitudes y opiniones de la mayoría de los ciudadanos y por el contrario han abusado, descalificado, utilizado, traicionado, deshonrado, burlado y robado a los nicaragüenses.
Por eso opino que el señor Robert Zoellick habló con sabiduría, sus palabras están bien fundamentadas en la realidad nacional y sus advertencias fueron muy acertadas y oportunas.
En realidad es vergonzoso que tengan que venir los extranjeros a proteger la democracia y defender la gobernabilidad y el orden institucional del país; sin embargo, más allá de la vergüenza, no puedo menos que agradecerles, porque ésta parece ser la única forma de detener el juego sucio, el secuestro, el abuso en toda la extensión de la palabra y la patanería institucionalizada que los nicaragüenses han tenido que soportar de los miembros del pacto Ortega-Alemán.
El pronunciamiento del Partido Liberal Constitucionalista publicado el 6 de octubre en LA PRENSA fue ridículo y patético. Parece que fue escrito en otro contexto histórico, en otro país, dirigido a otros lectores.
No deberían hablar de “un alto deber de patriotismo”, de dignidad y de soberanía, aquéllos que han preferido defender y respaldar a un líder corrupto que tranzó con otro peor que él mismo el desarrollo económico, la gobernabilidad, la institucionalidad y la soberanía nacional.

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