¡Estoy sin empleo!
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 | Perder el empleo repentinamente puede llegar a acabar con la persona. ¿Qué hacer para superarlo? Todo depende de sí mismo. Nosotras le dice cómo y por qué |
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Modelo: Tatiana León Morales
Agencia:Academia Eleganza
Peinado y Maquillaje: Salón Unisex Face, doña Marlen, Jinotepe. Teléfono: 532- 2889 |
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Hilda Rosa Maradiaga C.
Hablar de desempleo en nuestro país es hablar del pan de cada día. Se habla del desempleo en términos estadísticos, económicos y sociológicos. Pero ¿qué hay detrás de esas cifras? ¿Cuáles son los estragos del desempleo en el ser humano como persona? ¿Cuáles son los efectos sicológicos? ¿Cómo enfrentan el desempleo cada una de esas personas convertidas en números? ¿Quién ve el lado humano?
La pérdida del empleo puede ser tan devastadora como la pérdida misma de un ser querido, tan deprimente como para conducir hacia el suicidio. Y, a la vez, una oportunidad para cambiar y hasta para mejorar. La diferencia la hace la persona y la forma en que lo enfrente, según su personalidad y su entorno, dice el siquiatra Mauricio Sánchez.
Perder el empleo afecta mucho porque es como si se muriera un ser querido o perdiera un amigo; “Es un evento estresante, la persona reacciona de manera emocional y pasa por todas las fases del duelo”, indica la sicóloga Marlene Saravia, especialista en sicología laboral y docente de la Universidad Centroamericana.
Sánchez agrega que con el empleo se pierde también la salud, el estatus y hasta el matrimonio, según la forma de afrontarlo, pues se puede evolucionar hacia la superación o hacia problemas de salud mental como la depresión con un alto riesgo de suicidio.
La persona que se queda sin empleo, sufre ansiedad, emociones como la rabia, la culpa y el miedo, lo cual es una reacción natural ante una pérdida, y desencadena fatiga, dolores de cabeza, dolores musculares, desgano, entre otros.
Saravia indica que independientemente de la causa del despido, la persona tiende a culpabilizarse, lo cual afecta la autoestima del trabajador.
Se trata de alguien que ya no tiene el estatus, el grupo de relaciones del trabajo, el ingreso ni las cosas y las actividades que ese ingreso le permitía tener y hacer. Y todo eso afecta emocionalmente, tiende a ponerse triste.
“Es una persona que no está en las mejores condiciones para encontrar otro empleo, afecta su estado anímico, su autoestima y las relaciones interpersonales porque pierde los amigos que tenía en el trabajo y eso es doloroso”, detalla Saravia.
IDENTIDAD
El trabajo también influye grandemente en la identidad del trabajador, en el sentido de que las personas desde que estudian determinada carrera o profesión empiezan a pensar como sicólogos, ingenieros, doctores, economistas o lo que hayan estudiado y se relacionan con un mundo de expertos y personas conectadas con esa profesión.
“En la identidad de la persona se da una formación de determinadas características de personalidad por el tipo de ejercicio que se está haciendo y en las relaciones interpersonales con los demás, porque se relaciona con un tipo de trabajo y personas que trabajan en algo similar”, añade.
En ese sentido, se pierden las relaciones, la autorealización y las posibilidades de tener contactos. Y a la vez afecta cognitivamente porque las personas que pasan mucho tiempo sin empleo, se vuelven más lentas para concentrarse y para continuar orientaciones, debido a que cuando algunas capacidades no se están ejercitando, la persona se vuelve más lenta en el tipo de trabajo que hace y va perdiendo habilidades si no las pone en práctica.
El núcleo familiar también sufre alteraciones porque la persona que ha perdido el empleo no tiene las posibilidades de apoyar a su familia y en algunos casos podría desembocar hasta en separaciones y divorcios porque los problemas económicos hacen que haya más fricciones con la pareja y con los hijos.
La persona desempleada no está en la mejor respuesta, no tiene optimismo, los juicios de valor que tiene con respecto a sí mismo afectan su autoestima y todo eso complica las relaciones en el hogar. En ese sentido, la familia debe ser un punto de apoyo. “Es necesario tener solidaridad, reorganizarse, resignarse y ajustarse a la situación”, recomienda el doctor Sánchez.
Saravia opina que es muy importante que la familia establezca redes de apoyo para que la persona no se desanime, siga luchando, tenga otras perspectivas y las emprenda. Ese apoyo puede ser desde una ayuda económica aunque sea mínimo, apoyo emocional para que eleve su autoestima y emprender actividades que le lleve a obtener un mejor ingreso económico; a asumir actividades de sub- empleo en las que la persona se sentirá útil y que probablemente en el futuro aprenda a hacer ese trabajo y sentirse bien.
SEAMOS EMPRENDEDORES
El trabajo es crecimiento, vida, desarrollo, subsistencia, satisfacción a necesidades materiales, remuneración económica; forma como individuo; desarrolla facultades, posibilidades y habilidades; habilita al individuo dentro de la sociedad porque es productivo y aporta al desarrollo. De manera que el trabajo es vital para los individuos y fundamental para el desarrollo de una nación. Es por eso que perderlo o no poder obtenerlo luego de prepararse para ingresar al mercado laboral, trae tantas consecuencias negativas.
Sin embargo, quedarse en un estado emocional negativo acorta la visión, no permite salir del problema y ver más allá para superarlo. En esto influyen mucho las características de personalidad, dice la sicóloga Marlene Saravia.
El primer paso es aceptarlo y hablar de eso. Recomienda “estar con la mente abierta para realizar otro tipo de actividad, emprender actividades para las cuales no necesariamente ha sido preparada”.
Señala que a algunas personas les cuesta mucho tomar un subempleo y ubicarse en una actividad que no es la suya. “La facilidad con que una catedrática puede convertirse en una vendedora del mercado, dependerá mucho de su personalidad”, ejemplifica.
Las personas deben saber que pueden poner su propio negocio, su propia empresa para sacar adelante a su familia cuando no tiene la perspectiva de un empleo asalariado porque todas las empresas que hay en el país no tienen la posibilidad de acoger a la cantidad de profesionales que están egresando, indica.
Muchos de los profesionales que egresan no podrán encontrar empleo por lo que es necesario que los centros educativos les formen una actitud emprendedora, de abrir negocios y no necesariamente ubicarse salarialmente. “Nos han preparado para el empleo, pero no nos han preparado para el desempleo y para ser emprendedores”, critica.
EL PAPEL DE LAS EMPRESAS
Recomendaciones
Selección. Marlene Saravia, especialista en sicología laboral recomienda a las empresas, hacer una buena selección de su personal para un adecuado ajuste con el cargo que va a ocupar.
Capacitación. Entrenar continuamente al personal.
Evaluación. Evaluar constantemente a la persona, decirles qué quieren y esperan de ellos con claridad.
Relaciones. Hagan un tratamiento humano tanto laboralmente como en el despido.
Comunicación. El empleador o jefe debe orientar al trabajador hasta en la forma en que debe comportarse, sostener buenas relaciones, retroalimentación y explicar en qué debe mejorar cada trabajador, cuáles son sus debilidades y fortalezas.
MENOS OPORTUNIDADES
Hay más mujeres en desempleo y subempleo que hombres en esas situaciones.
Según los resultados preliminares de la Encuesta de Hogares, para la Medición del Empleo Urbano - Rural, realizada por el Ministerio del Trabajo, en julio de 2005, del total de desempleados, las mujeres superan la tasa de desempleo de los hombres en un 0.5 por ciento y en el subempleo, los superan en un 8.9 por ciento.
VER TAMBIÉN:
La mujer ante el desempleo
Una cuestión de actitud 
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