LUNES 17 DE OCTUBRE DEL 2005 / EDICION No. 23965 / ACTUALIZADA





EL HUMOR DE




Por una nueva asamblea legislativa

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Franklin Gavarrete Cuadra

En días pasados se propuso un pacto providencial entre Lewites y Montealegre, para aprovechar la casi invencibilidad de esta alianza. Sin embargo, aunque no quisieron juntarse, por lo menos se comprometieron a unir fuerzas en una futura Asamblea Legislativa. Los votos y los diputados obtenidos por cada uno en noviembre del 2006, podrían sumar el 60 por ciento del total, lográndose así una mayoría independiente en la Asamblea para quitar una serie de impedimentos legislativos que no los dejarían trabajar en paz, ni a uno ni al otro.

Si no se eliminan los poderes que la actual Asamblea ha dado a los caudillos, ellos podrían seguir influyendo negativamente en todas las instancias del Estado y en el desarrollo del país, promoviendo crisis, patrocinando asonadas, huelgas y otros incidentes desestabilizadores, apareciendo después como los solucionadores de los problemas que ellos mismos crearon para demostrar su influencia, conseguir cuotas de poder o, simplemente, mandar desde abajo.

Por lo tanto, sería conveniente concretar ese compromiso con mayor formalidad, para tener un sentido de unidad nacional, definir la lucha entre los que quieren una Nicaragua libre, próspera y desarrollada, en contra de los que quieren vivir en el pasado obsoleto del caciquismo y la quimera del engaño socialista. Luego habría que darlo a conocer a todos los votantes, para estimularlos aún más a presentarse a las urnas, porque liberarse de los caudillos es una de las aspiraciones más queridas de la mayoría de los nicaragüenses.

El compromiso de unir fuerzas en una futura Asamblea, para librar la Constitución de las ataduras que introdujeron los pactistas, debe incluir la posibilidad de una probable segunda vuelta entre Lewites y Montealegre, pues aunque el número de diputados queda definido en la primera, no vaya a ser que una segunda vuelta surjan rivalidades y aspiraciones que frustren la unión de voluntades por diferencias de última hora.

Independientemente del rumbo y los cambios que la política nicaragüense tenga desde aquí hasta las elecciones, una declaración bien estructurada y formal de Lewites y Montealegre de una futura Asamblea Legislativa independiente y democrática, mejoraría notablemente el ambiente político y económico del país, porque en el futuro los asuntos legislativos se podrían resolver en función de los intereses del pueblo nicaragüense y no de los caprichos políticos de sólo dos personas, algo inconcebible en cualquier Estado moderno en esta época de globalización.

Si tanto los inversionistas nicaragüenses como los extranjeros están bien conscientes que el final del pacto está asegurado desde ahora, se tendría más confianza en el porvenir económico del país y se podrían empezar proyectos que quizás están esperando la resolución de los conflictos creados por la ambición de poder de los caudillos.

Lewites y Montealegre no deben temer que una declaración bien formal les quite votos de parte de los correligionarios que estén tratando de conquistar, porque las cúpulas de sus partidos ya se definieron y porque casualmente su independencia de los caudillos es lo que les ha dado popularidad. En cuanto a los “duros”, de todas maneras éstos van a votar respaldando a los caudillos.

El compromiso de una futura asamblea legislativa independiente le daría mayor altura y optimismo a las próximas elecciones, convirtiéndolas en una verdadera fiesta cívica nacional.

El autor es empresario
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