VIERNES 14 DE OCTUBRE DEL 2005 / EDICION No. 23962 / ACTUALIZADA 01:30 am





EL HUMOR DE




La era del petróleo

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Joaquín Absalón Pastora
japastora@hotmail.com

Muere la era del petróleo módico y abundante. Sus funerales se van a celebrar en silencio, con el mutis de la tristeza indefensa, sin las honras luctuosas merecidas por su rango de ser, su majestad “el oro negro”. En medio de la escasez de las lágrimas. Para qué llorar sobre el catafalco de “la leche derramada”.

Otra era comienza a ponerse de duelo. Los síntomas anuncian la gravedad cuyos efectos trascenderán en el estilo de vida de la metrópoli planetaria. Tal vez sea prematuro advertir cuál será el año en que en la disponibilidad de la economía cantará su “réquiem”, pero será en el presente siglo, acompañado según los videntes de la religiosidad, de la tecnología y del esoterismo, de las espeluznantes iras de los terremotos y de los huracanes.

Conocedores de los rumbos del crudo aseguran que su líquido esplendor ha entrado al ocaso. Nada hacia la recuperación de su auge. La fatal y creíble deducción apagará las luces del mundo en el cual sus habitantes participan de muy diversificadas maneras. Unos derrochándolo, automóviles con la fisonomía de los buques atiborrados de gasolina por el placer de gastarla y de satisfacer el lujo orondo y fatuo, en la presunción o la quimera de que tendrá la incalculable duración de la eternidad. A la lujuria personal que sumada hace una “bicoca” no podían dejar de unirse y son eslabones de la cadena suntuaria, los iluminadísimos y sofisticados emporios comerciales. Nunca hubo espacio para un tipo de existencia más austero. La penitencia sólo en la pobreza.

El ocaso lleva la tendencia de oficializar y agudizar lo que bien podría ser —y es— “la creciente politización del petróleo y el uso de la fuerza militar para tomar el control de los suministros disponibles”. Así lo asevera Michael Klare en una documentada exposición “internética” augurada por la realidad. Todo sector teniente de petróleo —por poseerlo Irak fue invadido pretextando la presencia de un tirano cuando los hay peores en otras partes donde no hay petróleo— será perseguido por la fuerza militar por ser un producto estratégico vital para la economía de las naciones más poderosas, o para globalizar su utilidad. Naciones imperiales y colonizadas lo necesitan. Pero las clasificadas en la supremacía disponen de mayor maniobrabilidad bélica, de mayor presión para obtenerlo. Diríase que las potencias están preparadas cada día más para valerse de cualquier subterfugio y entrarle al ataque.

Del pasado se sigue aprendiendo: ¿no fue acaso uno de los factores que encuadraron la Segunda Guerra Mundial? A ella pueden agregarse otras de menor proyección pero que tuvieron esa búsqueda como la guerra de octubre (1973-1974) entre Egipto e Israel, el embargo del petróleo árabe (1979-1980) de la revolución iraní, la guerra del golfo (1991) y por qué no agregar la incapacidad de regeneración de los pozos de Rusia y Arabia Saudita. Y por qué no tomar en cuenta yendo hacia el futuro, la postura dominante de China continental.

Crece la demanda y disminuye el suministro, ahí está el “el quid”, “la madre del cordero” del drama. Cuando venga el período de carencia sempiterna —se siente ya— es cuando comenzará a echar raíces el abatimiento de no poseerlo, de sufrir la incapacidad de reversión de sus precios hacia abajo. El “súper pico” de los cien por barril será factor de hondísima reflexión de la conducta humana, en todos los aspectos.

El autor es periodista.
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